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Al menos 30% de las ballenas regresa cada año al Canal Beagle

Especialistas en mamíferos marinos confirmaron que un porcentaje significativo de ballenas francas australes vuelve temporada tras temporada al Canal Beagle, lo que refuerza la importancia de Ushuaia como sitio de alimentación y reproducción en el Atlántico Sur.

Publicado el 21 de julio de 2026, 15:50 hs

Especialistas que monitorean la población de ballenas francas australes (Eubalaena australis) en el extremo sur del continente aseguran que al menos el 30% de los individuos identificados regresa cada temporada al Canal Beagle. El dato, que surge de más de una década de registros fotográficos y genéticos, posiciona a las aguas fueguinas como un área clave tanto para la alimentación como para el apareamiento y cría de esta especie protegida.

Según el equipo del Instituto de Conservación de Ballenas y del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), el porcentaje de recapturas fotográficas supera el 30% año tras año. Esto significa que, de las ballenas que se avistan entre noviembre y abril en el Canal Beagle, más de tres de cada diez ya habían sido catalogadas en campañas anteriores. “Es un nivel de fidelidad al sitio muy alto para una especie migratoria”, explicaron los investigadores a este medio.

El Canal Beagle, que une el Atlántico con el Pacífico a la altura de Ushuaia, ofrece condiciones particulares: abundancia de krill y copépodos en verano, aguas relativamente resguardadas y una profundidad que permite a las madres con crías descansar sin alejarse demasiado de la costa. Estas características convierten al área en un “hotspot” del Atlántico Sur, comparable con Península Valdés en Chubut, aunque con un rol ecológico distinto.

Desde el punto de vista económico, el regreso predecible de las ballenas tiene impacto directo en el turismo de naturaleza de la provincia. Solo en la temporada 2023-2024, las salidas de whale-watching desde el puerto de Ushuaia superaron las 18.000 personas, según datos de la Secretaría de Turismo municipal. Cada observación genera una cadena de valor que incluye operadores náuticos, guías, transporte y alojamiento, actividades que representan una porción creciente del producto bruto provincial.

Sin embargo, los científicos advierten que el aumento del tráfico marítimo y el desarrollo portuario plantean desafíos. “Aunque el porcentaje de retorno se mantiene estable, hemos registrado más evidencias de colisiones y enmallamientos en redes de pesca artesanal”, señaló uno de los coordinadores del programa de monitoreo. En ese sentido, piden mayor control en las zonas de alimentación y la implementación de protocolos de velocidad reducida para los buques que navegan hacia la Antártida.

El seguimiento se realiza mediante catálogos de callosidades cefálicas, que actúan como “huellas dactilares” de cada animal, y se complementa con muestras de ADN no invasivas. Hasta la fecha, el catálogo fueguino supera los 420 individuos distintos, de los cuales más de 130 han regresado en al menos tres temporadas diferentes.

Desde la perspectiva de soberanía económica, la conservación de estos mamíferos también forma parte de la estrategia provincial de manejo responsable del mar. Tierra del Fuego administra parte de la Zona Económica Exclusiva adyacente al Canal Beagle y busca equilibrar el desarrollo pesquero, el turismo y la protección de especies emblemáticas. La ballena franca austral es, además, uno de los íconos que refuerza la identidad fueguina como “puerta de entrada a la Antártida”.

Los expertos coinciden en que mantener ese 30% de retorno anual depende de decisiones concretas en materia de ordenamiento territorial marino. Reducir la contaminación acústica, regular las actividades extractivas cercanas y seguir financiando los programas de investigación son las tres variables que, según los datos, más inciden en la salud de la población que elige el Beagle como destino estival.

Mientras tanto, los operadores turísticos locales ya preparan la próxima temporada con protocolos actualizados de distancia mínima y tiempo máximo de observación. El mensaje es claro: cuanto mejor se cuide el recurso, más sostenible será el retorno tanto de las ballenas como de los visitantes que vienen a verlas.

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