Deportes

Cómo la Ley 19640 impulsa el deporte fueguino: beneficios concretos para clubes y atletas

Publicado el 29/06/2026 04:30 hs

Más allá de los incentivos fiscales, la Ley 19640 genera un impacto directo en el tejido deportivo de Tierra del Fuego. Descubrí cómo clubes barriales, deportistas adaptados y equipos femeninos aprovechan sus beneficios para crecer a pesar del clima y la distancia.

En Tierra del Fuego, donde el viento y el frío moldean el día a día, la Ley 19.640 no es solo un marco impositivo: se ha convertido en una herramienta silenciosa pero poderosa para sostener y hacer crecer el deporte local. Lejos de los títulos que solo hablan de exenciones para grandes empresas, esta norma genera un efecto cascada que llega a canchas de barrio, polideportivos municipales y a los sueños de pibes y pibas que entrenan con guantes rotos o zapatillas prestadas.

El impacto en la infraestructura deportiva

Uno de los beneficios menos contados de la Ley 19.640 es la posibilidad de que empresas radicadas en la provincia destinen parte de sus beneficios fiscales a proyectos de responsabilidad social. En los últimos años, esto se tradujo en donaciones concretas: desde la renovación de la pista de patinaje cubierta de Río Grande hasta la compra de kayaks para el club de canotaje de Ushuaia. Clubes que antes pedían subsidios que llegaban tarde ahora reciben equipamiento de última generación sin tener que esperar eternamente las partidas presupuestarias provinciales.

Un ejemplo claro es el Club Deportivo Camioneros de Río Grande, que gracias a convenios con firmas beneficiadas por la ley pudo instalar calefacción en su gimnasio. Entrenar a -8°C ya no es solo cuestión de garra; ahora cuenta con condiciones mínimas de dignidad. Lo mismo ocurrió en Tolhuin, donde un taller textil invirtió en la iluminación LED del polideportivo municipal, permitiendo que las categorías formativas de básquet y vóley extiendan sus horarios en invierno.

Apoyo al deporte femenino y adaptado

La ley también abre puertas para aquellas disciplinas que históricamente reciben menos atención. Federaciones y clubes pueden acceder a patrocinios más estables porque las empresas ven en el deporte un vehículo de imagen positiva con ventajas impositivas. Las chicas del hockey sobre patines de Ushuaia, por ejemplo, consiguieron indumentaria completa y viajes a torneos nacionales gracias a una empresa de logística que derivó parte de su beneficio fiscal a ese proyecto.

En el ámbito adaptado, la historia es aún más potente. El equipo de sillas de ruedas de básquet de Río Grande recibió sillas deportivas de alta gama gracias a un acuerdo con una fábrica de plásticos beneficiada por la 19.640. Antes, los jugadores usaban modelos estándar que limitaban su rendimiento y generaban lesiones. Hoy compiten a nivel nacional con equipamiento profesional. Esta es la verdadera inclusión: no solo darles lugar, sino darles las mismas herramientas que en cualquier otra provincia.

Capacitación y retención de talentos

Otro beneficio poco visibilizado es el que se da en materia de recursos humanos. La ley facilita la radicación de profesionales en la provincia. Entrenadores calificados, preparadores físicos y hasta psicólogos deportivos encuentran aquí un ecosistema más atractivo. En los últimos tres años, al menos cuatro técnicos con experiencia en selecciones nacionales se mudaron a Ushuaia atraídos por los beneficios impositivos y terminaron trabajando en clubes de barrio.

Esto genera un círculo virtuoso: mejor preparación, menos abandono deportivo en la adolescencia y resultados que motivan a las nuevas generaciones. La selección de natación adaptada de Tierra del Fuego, que en 2024 obtuvo tres medallas en los Juegos Evita, contó con un entrenador radicado gracias a estos incentivos. El nadador más joven del equipo, un chico de 14 años de barrio Monte Olivia, lo resumió en una frase que vale más que cualquier estadística: “Antes entrenaba solo; ahora tengo un profe que vino de afuera solo para nosotros”.

El rol de los clubes de barrio como contenedores sociales

En una provincia donde la distancia geográfica y el clima extremo pueden aislar, los clubes funcionan como verdaderos centros comunitarios. La Ley 19.640, al alentar la inversión privada en estos espacios, fortalece esa función social. Un club que recibe donaciones de equipamiento o puede pagar mejor a sus profesores retiene más chicos dentro del sistema deportivo y, por ende, fuera de situaciones de riesgo.

Datos de la Subsecretaría de Deportes provincial indican que, desde la ampliación de los beneficios de la ley en 2018, la matrícula en disciplinas colectivas en barrios periféricos creció un 27%. No es casualidad. Cuando un club puede ofrecer transporte para llevar a los pibes desde los barrios más alejados, o puede comprar pelotas que no se desinflan con el primer frío, la continuidad deportiva se vuelve real.

Desafíos pendientes y mirada al futuro

Claro que no todo es perfecto. Muchos dirigentes deportivos aún desconocen los mecanismos concretos para vincularse con las empresas beneficiadas. Falta mayor difusión y, sobre todo, una articulación más orgánica entre la Secretaría de Deportes, el Consejo Provincial de la Ley 19.640 y las asociaciones deportivas. Sería deseable que existieran convocatorias anuales específicas para proyectos deportivos que canalicen estos fondos de manera transparente y con seguimiento de impacto.

Aun así, la realidad es innegable: en una provincia donde cada peso se siente doble, la Ley 19.640 ha permitido que el deporte deje de ser solo un gasto público y pase a ser una inversión compartida entre Estado, sector privado y comunidad. Cuando una piba de Tolhuin levanta una medalla de vóley y sabe que su camiseta fue posible gracias a ese marco legal, entiende que su esfuerzo se encontró con un sistema que, aunque imperfecto, la acompaña.

El deporte fueguino siempre creció contra el viento. Gracias a los beneficios concretos de la Ley 19.640, hoy cuenta con un poco más de vela y un timón más firme. El verdadero triunfo no se mide solo en podios, sino en cuántos chicos y chicas pueden seguir soñando con uno en esta tierra del fin del mundo.

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