Turismo

El argentino que descubrió el único pueblo sin calles de la Patagonia

Un riograndense visitó Puerto Williams, en Chile, el poblado más austral del mundo donde sus habitantes se desplazan exclusivamente por pasarelas de madera. Lo describe como un tesoro escondido que bien podría inspirar el desarrollo de destinos turísticos fueguinos.

Publicado el 17 de julio de 2026, 04:35 hs

Un riograndense que viajó al sur más extremo del continente regresó con una historia que ya circula entre los fueguinos amantes de los destinos patagónicos poco convencionales. Se trata de Puerto Williams, en territorio chileno, considerado el pueblo más austral del planeta y el único en el mundo donde no existen calles tradicionales: sus habitantes y visitantes se mueven exclusivamente por pasarelas de madera elevadas.

El testimonio, recogido por Infobae y replicado en redes locales, proviene de un argentino que recorrió el Canal Beagle y llegó hasta esta localidad de poco más de 2.000 habitantes. “Es un tesoro escondido en la Patagonia”, afirmó. Las pasarelas, construidas para evitar el barro y proteger el frágil suelo subantártico, conectan todas las viviendas, servicios y edificios públicos de la pequeña localidad ubicada frente a Ushuaia.

Puerto Williams forma parte de la comuna de Cabo de Hornos y funciona como base naval y centro de operaciones antárticas chilenas. Su aeropuerto recibe vuelos regulares desde Punta Arenas, pero el acceso más habitual desde Argentina es a través de catamaranes que cruzan el Beagle desde el puerto de Ushuaia. Para los fueguinos, representa una opción de turismo de proximidad con identidad propia.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, la población de Puerto Williams ha crecido levemente en los últimos años impulsada por el interés turístico y la actividad científica. El pueblo cuenta con un museo naval, una estación de investigación y un incipiente desarrollo de alojamientos boutique que respetan la arquitectura local de madera y chapa.

Desde la perspectiva fueguina, la experiencia invita a reflexionar sobre modelos de desarrollo turístico sostenible. Mientras Ushuaia apuesta fuertemente al gateway antártico y a la hotelería de gran escala, Puerto Williams demuestra que es posible preservar el entorno natural con intervenciones mínimas como estas pasarelas que, además de funcionales, se integran al paisaje.

“Uno camina por estas pasarelas de madera y siente que está en otro mundo. No hay autos dando vueltas, solo silencio y naturaleza”, relató el viajero argentino. El recorrido incluye miradores hacia los Dientes de Navarino, una cadena montañosa que ofrece trekking de alta exigencia y vistas panorámicas al canal.

Desde la Secretaría de Turismo de Tierra del Fuego ya miran con atención este tipo de destinos cercanos. Funcionarios consultados por este medio señalaron que se busca potenciar los paquetes combinados que incluyan tanto Ushuaia como Puerto Williams, fortaleciendo la oferta binacional del Beagle. En 2023, los cruceros que operaron en la zona dejaron más de 45.000 pasajeros que pudieron visitar ambos destinos.

Sin embargo, no todo es idílico. El aislamiento extremo genera altos costos de vida y limita la diversidad de servicios. La mayoría de los alimentos y combustibles llegan por barco o avión, lo que se traduce en precios elevados incluso para estándares patagónicos. Aun así, sus residentes destacan la tranquilidad y la fuerte identidad cultural yagán que aún se preserva en la zona.

Para los fueguinos que trabajan en turismo, la existencia de este “pueblo sin calles” representa tanto una curiosidad como una oportunidad. Diversos operadores de Ushuaia ya ofrecen excursiones de un día que combinan navegación y visita guiada a Puerto Williams, con énfasis en su singular sistema de pasarelas y su rol en la soberanía antártica chilena.

El viajero riograndense concluyó su relato invitando a más argentinos a conocerlo: “Es de esos lugares que te cambian la perspectiva de lo que significa vivir en el fin del mundo”. Mientras tanto, en Río Grande y Tolhuin, donde el turismo aún es secundario respecto de la industria y la forestación, la historia genera curiosidad sobre cómo replicar iniciativas de bajo impacto ambiental en nuestros propios territorios.

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