El fútbol argentino está arruinado: la final de la Supercopa lo volvió a demostrar
El polémico arbitraje y el mal uso del VAR opacaron por completo la final de la Supercopa Internacional entre Boca y Racing. En lugar de celebrar el esfuerzo de los jugadores y el golazo de Ángel Di María, el hincha se quedó con una profunda indignación.
La final de la Supercopa Internacional que enfrentó a Boca Juniors y Racing Club quedará en la memoria no por el nivel futbolístico ni por el esfuerzo de los planteles, sino por el escandaloso arbitraje y el uso del VAR que terminó desnaturalizando el espectáculo.
En vez de disfrutar un partido que tuvo de todo, incluyendo un golazo memorable de Ángel Di María para el conjunto de Avellaneda, la mayoría de los hinchas argentinos se retiró con una sensación de bronca e impotencia. Una vez más, el referato y la tecnología que debía ayudar a corregir errores terminaron siendo los verdaderos protagonistas de una noche que prometía emoción y que dejó solo controversia.
Desde Río Grande hasta Ushuaia, los fueguinos que siguieron el partido por televisión o a través de las redes coincidieron en el mismo diagnóstico: el fútbol argentino está arruinado. No se trata de una exageración de un momento de calentura. Es la acumulación de meses y años en los que los errores arbitrales, las suspensiones injustas, las expulsiones mal concedidas y las decisiones del VAR han ido desgastando la credibilidad de la competencia local.
En esta oportunidad, las imágenes del árbitro consultando repetidamente el monitor y demorando decisiones que parecían claras generaron un clima de confusión que se trasladó a las tribunas y a las casas de todo el país. El gol de Di María, una jugada de gran belleza técnica, quedó opacado por reclamos de offside previo y supuestas faltas que, según muchos, no existieron.
El problema no es nuevo. En Tierra del Fuego, donde los clubes amateurs y las ligas locales siguen con esfuerzo la pasión por la redonda, este tipo de escándalos en la máxima categoría terminan desanimando incluso a quienes pagan su abono para ver fútbol de elite. Si ni siquiera en un partido definitorio se puede confiar en que gane el mejor dentro de la cancha, ¿qué mensaje se le da al pibe que recién empieza en una escuelita de Tolhuin o Río Grande?
La AFA y los dirigentes del fútbol argentino tienen delante un desafío enorme. No alcanza con cambios cosméticos ni con promesas de “mejorar el VAR”. Hace falta una revisión profunda del sistema arbitral, de la formación de los jueces y de los protocolos tecnológicos que, lejos de aclarar, parecen generar más confusión y suspicacias.
Mientras tanto, el hincha común, ese que madruga para ir a la fábrica en el parque industrial de Río Grande o que atiende turistas en Ushuaia, sigue pagando entradas, abonos y paquetes de televisión para terminar viendo cómo el fútbol que ama se autodestruye. La indignación de anoche no fue solo por un partido: es la gota que rebalsó un vaso que venía lleno hace rato.
El esfuerzo de los jugadores, el talento de Di María y la entrega de ambos equipos merecían otro final. Merecían que el resultado se definiera dentro del campo de juego y no en una sala de video con decisiones interminables. Hasta que eso no cambie, lamentablemente seguiremos diciendo lo mismo: el fútbol argentino está arruinado.