Economía

El Niño 2026 golpea fuerte al agro brasileño: inundaciones en el sur y sequía en el norte

Expertos de Embrapa y la USP advierten que las lluvias torrenciales ya causaron daños en soja, maíz y trigo en Rio Grande do Sul, mientras el norte amazónico enfrenta escasez hídrica crítica. El fenómeno impacta directamente en la producción y el transporte de insumos.

Publicado el 23 de agosto de 2026, 10:15 hs

Demoras por lluvias ponen en riesgo la cosecha de soja y maíz

El fenómeno de El Niño, que en 2026 se presenta con intensidad “muy fuerte”, está generando efectos opuestos y severos sobre la agricultura brasileña. Mientras el sur del país registra inundaciones y pérdidas en cultivos, el norte y nordeste enfrentan una sequía que amenaza la producción de frutas, hortalizas y el transporte fluvial.

El climatólogo Carlos Nobre, investigador de la Universidad de Sao Paulo (USP), explicó que el calentamiento de los océanos aumenta la evaporación y el vapor de agua en la atmósfera, lo que actúa como “combustible” para lluvias intensas en una región e induce sequías y olas de calor en otra. “Estos eventos extremos no son algo que solo sucederá en el futuro, ya están sucediendo”, advirtió.

En los estados de Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, las precipitaciones por encima del promedio histórico provocaron inundaciones que afectaron cultivos de trigo, soja, maíz y frutales. En julio pasado, Rio Grande do Sul registró más de diez días consecutivos de lluvias, seguidas por un ciclón extratropical con vientos superiores a los 100 km/h que golpeó decenas de municipios.

La Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) emitió una nota técnica con recomendaciones concretas para los productores. Según el investigador Alex Mayer, el exceso de humedad compromete el sistema radicular de las plantas, puede provocar su muerte y, sumado a vientos fuertes y granizo, genera pérdidas directas. Entre las medidas sugeridas se encuentran mejorar el drenaje de los suelos, proteger las áreas contra la erosión y reforzar el monitoreo fitosanitario.

En el extremo opuesto, la región amazónica y el nordeste sufren una disminución crítica de las precipitaciones. La proyección de Embrapa indica menor disponibilidad hídrica y temperaturas más elevadas, lo que pone en riesgo cultivos permanentes y la producción de hortalizas y frutas, especialmente en el valle del Sao Francisco. Esta situación evoca la crisis hídrica registrada entre 2023 y 2024, cuando los principales ríos amazónicos alcanzaron niveles históricamente bajos y complicaron el transporte de insumos y cosechas.

El Gobierno federal mantiene equipos técnicos en la región norte y centro-oeste para coordinar acciones de respuesta ante una eventual crisis hídrica. El agrometeorólogo Gilberto Cunha, también de Embrapa, señaló que “el desafío actual no es predecir El Niño, sino transformar el conocimiento climático en decisiones prácticas en el campo”.

Desde la institución recomiendan a los agricultores ajustar los niveles de inversión y las expectativas de rendimiento a los escenarios típicos del fenómeno. Insisten además en la contratación de seguros rurales y en el uso de pronósticos oficiales para planificar siembras y cosechas. “Los impactos de El Niño pueden reducirse con planificación temprana, buenas prácticas agrícolas y acceso a información técnica cualificada”, concluyó Cunha.

El Ministerio de Agricultura y la Defensa Civil monitorean semanalmente la evolución del fenómeno y mantienen canales abiertos con las cooperativas agropecuarias para agilizar la asistencia a los productores afectados. Aunque Brasil no es socio comercial directo de Tierra del Fuego en estos rubros, las variaciones en la oferta global de granos y frutas pueden influir en los precios internacionales y, por ende, en el costo de algunos alimentos en la provincia.

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