El subrégimen fueguino, en el centro del debate nacional por la industria
En el Día de la Industria, el modelo de Tierra del Fuego vuelve a estar bajo la lupa: sostén de miles de empleos pero también vulnerabilidad ante cada cambio de aranceles y reglas desde Buenos Aires.
El 2 de septiembre se conmemora el Día de la Industria Argentina, una fecha que remite a la primera exportación registrada en 1587 desde el Riachuelo hacia Brasil. Cuatro siglos después, el país sigue sin definir con claridad qué tipo de industria quiere y qué rol debe cumplir Tierra del Fuego en ese esquema.
Desde Río Grande, el debate no es teórico. El subrégimen de la Ley 19.640 genera alrededor de 8.000 empleos directos en la electrónica de consumo, principalmente en las terminales de Mirgor, Newsan y BGH. Cada modificación en los aranceles de importación o en las condiciones de preferencia se traduce de inmediato en suspensiones, quitas de turnos o renegociaciones colectivas con la UOM.
Según datos que circulan en AFARTE, el sector electrónico fueguino representa cerca del 70% de la producción nacional de televisores, celulares y aires acondicionados. Sin embargo, su rentabilidad depende de un esquema arancelario que, en los últimos años, ha sido cuestionado tanto por sectores liberales que lo consideran distorsivo como por voces que reclaman mayor diversificación productiva.
El debate que se posterga es estructural. ¿La industria debe protegerse para generar empleo local o debe abrirse para ganar competitividad? En Tierra del Fuego la respuesta tiene cara de familia obrera. Un cambio en el régimen puede significar que un delegado de la UOM negocie suspensiones temporales para evitar despidos, como ocurrió en ciclos anteriores de ajuste.
Desde AFARTE se insiste en que el subrégimen no es un subsidio sino una herramienta de desarrollo regional que permitió industrializar el extremo sur del país. Sus representantes recuerdan que, sin la ley de 1972, Río Grande seguiría siendo un pueblo de frontera con escasa actividad económica formal.
Por el lado sindical, la UOM local advierte que cualquier revisión del régimen debe garantizar la continuidad de las s de trabajo. “No se puede hablar de reindustrialización nacional dejando afuera a 8.000 familias fueguinas”, sostienen en los pasillos de la seccional.
El gobierno nacional, cualquiera sea su signo, termina chocando con esta realidad cada vez que revisa la política arancelaria. En los últimos años se han sucedido quitas de beneficios, renegociaciones de cuotas y presiones para que las terminales incorporen mayor integración local de componentes. El resultado ha sido una producción que oscila según el humor de los balances de las casas matrices.
El desafío de fondo que plantea el artículo de Tiempo Fueguino es precisamente ese: Argentina no puede seguir postergando una definición clara sobre qué quiere producir, con qué grado de protección y con qué rol para las economías regionales como la fueguina. Mientras tanto, en Río Grande se camina el parque industrial midiendo cada anuncio de Buenos Aires en términos de planillas de sueldos y suspensiones.