Sociedad

La salud pública en Tierra del Fuego: cómo llega a los barrios más alejados

Más allá de los hospitales de Ushuaia y Río Grande, la atención primaria en los barrios periféricos de Tolhuin y las zonas rurales enfrenta desafíos diarios que pocos ven. Un recorrido por las postas sanitarias que sostienen el derecho a la salud de las familias fueguinas.

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Fachada de un centro de salud barrial con rampa de acceso
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

En el barrio Las Margaritas de Río Grande, doña Elena espera desde las siete de la mañana que abran la posta sanitaria. No es un hospital, apenas un módulo de chapa y madera con dos consultorios. Pero para ella y para decenas de vecinos, es el primer y muchas veces único lugar donde pueden llevar a sus chicos con fiebre o consultar por una dolencia crónica.

La salud pública provincial en Tierra del Fuego se mide no solo por las camas de terapia intensiva o los quirófanos de los hospitales centrales, sino por estas pequeñas estructuras que intentan llegar donde el asfalto termina y el viento del canal se hace más fuerte. En los últimos años, la provincia ha ampliado la red de centros de atención primaria, pero los vecinos coinciden en que el sistema todavía muestra grietas profundas.

Mirta Gómez, auxiliar de enfermería con 18 años de servicio en Tolhuin, cuenta que muchas mañanas atienden más de 40 personas con un solo médico. "Los chicos vienen con bronquiolitis, las mamás con presión alta y los abuelos con dolores que arrastran desde hace meses. No damos abasto", dice mientras prepara una inyección. Su testimonio no es una excepción: en los barrios del este de Río Grande y en las afueras de Ushuaia la historia se repite.

Según cifras del Ministerio de Salud provincial, más del 65% de las consultas ambulatorias se resuelven en estos centros periféricos. Sin embargo, la falta de personal especializado y la rotación constante de profesionales generan discontinuidad en los tratamientos. Una madre del barrio San Vicente de Tolhuin relata que tuvo que empezar de cero la historia clínica de su hija cada vez que cambiaba el pediatra.

El frío extremo del invierno fueguino agrava todo. Las postas sanitarias muchas veces carecen de calefacción adecuada o de insumos básicos para enfrentar las infecciones respiratorias que se multiplican entre junio y septiembre. "Cuando llega el viento blanco, los caminos se cortan y la gente no puede llegar ni a la posta. Ahí es cuando los vecinos nos llaman por radio o por celular pidiendo ayuda", explica un trabajador social de la zona rural de Lago Fagnano.

La pandemia dejó lecciones que aún no se terminaron de aplicar. Durante aquellos años se reforzó la telemedicina y los equipos móviles, pero hoy esos recursos se usan de forma irregular. En algunos barrios se logró que las vacunas lleguen de manera más fluida, pero el control de enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión sigue siendo deficiente.

Lo que más preocupa a las organizaciones barriales es la salud mental. Los psicólogos son escasos y las listas de espera llegan a seis meses. "Después de la pandemia, los pibes y los adultos estamos más frágiles. Hay mucha angustia por la plata que no alcanza, por la vivienda que se cae a pedazos. Pero no hay quien escuche", dice una referente del barrio Alakalufes de Ushuaia.

Frente a esto, algunas comunidades han organizado sus propias respuestas. En Río Grande, un grupo de vecinas creó un taller de acompañamiento para mujeres en situación de violencia, que incluye derivación a salud mental. En Tolhuin, un club de abuelos funciona como espacio de contención y detección temprana de problemas cognitivos.

La ley de Salud Pública provincial establece que el Estado debe garantizar el acceso universal, pero la realidad muestra que la distancia geográfica y la burocracia siguen siendo barreras. Muchas familias terminan recurriendo a la salud privada cuando pueden, o simplemente postergan la consulta hasta que el problema se complica y termina en guardia.

Desde las organizaciones sociales piden mayor presupuesto para fortalecer la atención primaria y estabilizar los equipos de salud en los barrios. No se trata solo de construir más postas, sino de asegurar que funcionen todo el año con personal capacitado y con medicamentos disponibles.

Mientras tanto, doña Elena sigue esperando en la posta de Las Margaritas. Su presión no baja y el remedio que le recetaron el mes pasado ya se le terminó. Para ella, la salud pública no es una estadística provincial: es poder llegar caminando a un lugar donde alguien la escuche y le dé una solución concreta. Tierra del Fuego, con sus recursos y su lejanía, no puede darse el lujo de dejar que la salud de sus barrios más vulnerables siga dependiendo del esfuerzo heroico de unos pocos.

La pregunta que queda flotando en cada posta sanitaria es sencilla pero urgente: ¿hasta cuándo las familias de los márgenes tendrán que conformarse con lo mínimo en lugar de recibir lo que por derecho les corresponde?

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