Malvinas y Antártida

Mirar atrás en la memoria reconforta el mañana en el fin del mundo

Un año después de su partida, el recuerdo de Maité Pereyra sigue vivo en las redacciones fueguinas y en las historias que contaban la identidad del sur. Su legado en la cobertura de Malvinas, Antártida y la vida en el extremo del país abraza a quienes la conocieron.

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Tolhuin celebra 54 años de historia e identidad fueguina
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En este día en que se cumple un año de su partida, la ausencia de Maité Pereyra sigue doliendo en las redacciones de Tierra del Fuego, pero su recuerdo abraza con la misma fuerza de siempre a quienes compartieron con ella la pasión por contar la provincia desde el extremo sur.

Nacida en Ushuaia hace 36 años, nieta de un veterano de Malvinas, Maité encarnó como pocos el compromiso con la causa de soberanía y con las historias que hacen a la identidad fueguina. No se trataba de efemérides ni de notas ocasionales: para ella, Malvinas y la Antártida eran presente cotidiano, política de Estado y parte inseparable de lo que significa vivir en una provincia bicontinental.

Desde las páginas de este medio y en cada nota que firmaba, Maité recorrió con rigor y respeto la memoria de los combatientes, el día a día de los veteranos y los avances en la Base Naval Integrada y el Polo Logístico Antártico Ushuaia-Petrel. Sus textos nunca fueron fríos: combinaban la documentación precisa con una narrativa que permitía al lector sentir el viento del canal Beagle o el peso de las placas continentales que hacen de nuestra tierra un territorio único.

Sus crónicas sobre los pueblos originarios selk'nam y yámanas, sobre la gastronomía local, los glaciares, el Parque Nacional y la vida en el presidio histórico, construyeron un relato evocador pero siempre anclado en datos verificables. Fechas, especies, lugares y testimonios directos eran la base de cada pieza, porque Maité entendía que en el sur la memoria no es ornamento sino herramienta de futuro.

Quienes la tratamos sabemos que su partida dejó un vacío imposible de llenar en la cobertura de soberanía. Sin embargo, también dejó un camino marcado: la exigencia de tratar estos temas todo el año, con seriedad y sin sensacionalismo, mirando siempre desde Tierra del Fuego y no desde la óptica porteña. Sus notas siguen siendo referencia obligada para entender por qué Malvinas no es un capítulo cerrado sino una política de Estado que define nuestra identidad provincial.

Mirar atrás en la memoria, como ella misma habría escrito, reconforta el mañana. Hoy, un año después, sus compañeros de redacción, los veteranos a los que tanto respetó y las comunidades que retrató con sensibilidad, volvemos a sus textos para encontrar ahí la brújula que ella nos dejó.

En un territorio donde el viento borra huellas con facilidad, Maité Pereyra dejó marcas profundas. Su voz narrativa, sobria y cercana, continúa guiando la forma en que contamos la Patagonia austral, la Antártida argentina y el reclamo legítimo por las Islas Malvinas. Porque en el fin del mundo, los recuerdos no se apagan: se transforman en compromiso y en relato cotidiano.

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