Sociedad

Quién está educando hoy a nuestros hijos: el desafío de las pantallas y la IA

El psicólogo Eduardo Marostica advirtió sobre los riesgos de delegar la crianza y el aprendizaje en dispositivos y algoritmos. En Tierra del Fuego, donde el costo de vida y el aislamiento geográfico complican el día a día familiar, recuperar el rol parental se vuelve una urgencia.

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Acuerdos familiares sobre tiempo de pantalla
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El psicólogo y escritor rosarino Eduardo Marostica planteó una pregunta que resuena cada vez más fuerte en las familias fueguinas: ¿quién está educando hoy a nuestros hijos? En una entrevista reciente, alertó sobre la creciente delegación de tareas de crianza y formación en pantallas, redes sociales e inteligencia artificial.

Marostica advirtió que los algoritmos están ocupando un lugar que históricamente correspondió a padres, madres, docentes y referentes comunitarios. “Las pantallas no solo entretienen, también enseñan valores, moldean la atención y definen qué se considera importante”, señaló. En un contexto provincial donde muchas familias enfrentan jornadas laborales extensas en la industria electrónica, el turismo o la administración pública, el tiempo de calidad con los niños se reduce y la tecnología aparece como un “cuidador” accesible.

En Ushuaia, Río Grande y Tolhuin, el fenómeno se agrava por el clima riguroso que limita las actividades al aire libre durante gran parte del año. Según datos locales de salud, el uso excesivo de dispositivos entre niños y adolescentes creció de manera sostenida en los últimos años. Marostica enfatizó que este hábito afecta el desarrollo del lenguaje, la capacidad de aburrirse constructivamente y la formación de vínculos afectivos profundos.

El especialista también se refirió al rol de la inteligencia artificial en el aprendizaje. Si bien reconoció sus potencialidades como herramienta, alertó sobre el riesgo de que reemplace el esfuerzo cognitivo necesario para el desarrollo cerebral. “Cuando un chico le pide a la IA que resuelva una tarea escolar, no está aprendiendo: está obteniendo un resultado. La educación requiere proceso, no solo producto”, explicó.

En Tierra del Fuego, donde la Universidad Nacional de Tierra del Fuego capacita a futuros docentes y promueve investigaciones sobre educación en contextos extremos, el debate adquiere matices locales. Padres y madres que trabajan en turnos rotativos o en el sector pesquero muchas veces llegan a casa exhaustos y optan por entregar un dispositivo para ganar unos minutos de tranquilidad. Marostica planteó que esa “tranquilidad” tiene un costo alto a mediano plazo: niños con menor tolerancia a la frustración, dificultades para concentrarse y una visión del mundo filtrada por intereses comerciales.

El psicólogo propuso recuperar el rol protagónico de la familia sin demonizar la tecnología. Sugirió establecer límites claros, priorizar momentos sin pantallas (como la hora de la comida o antes de dormir) y fomentar actividades que estimulen la creatividad y el contacto con la naturaleza fueguina: caminatas por el Parque Nacional, visitas al Museo del Fin del Mundo o simplemente juegos al aire libre cuando el clima lo permite.

Además, llamó a los adultos a educarse para poder acompañar. “No podemos delegar en lo que no entendemos. Los padres tenemos que saber cómo funcionan las redes y la IA para poder guiar su uso”, indicó. En este sentido, valoró iniciativas locales de la UNTDF y organizaciones barriales que ofrecen talleres sobre alfabetización digital para familias.

Marostica cerró su reflexión con una idea potente: la crianza no es una tarea que se puede tercerizar. En un mundo saturado de estímulos digitales, el mayor regalo que pueden dar madres y padres a sus hijos es presencia sostenida, conversación genuina y la transmisión de valores propios de nuestra identidad bicontinental. Recuperar ese lugar no solo protege a los niños: fortalece el tejido social de las tres ciudades fueguinas.

El desafío es claro y no admite demoras. Mientras las pantallas y la inteligencia artificial avanzan a ritmo vertiginoso, las familias deben decidir si quieren ser protagonistas o meros espectadores de la educación de sus hijos.

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