Santiago Soto: 26 años de folklore e identidad fueguina
El bailarín riograndense celebra más de dos décadas de trayectoria en la que el folklore, la memoria de Malvinas y la búsqueda de la identidad sureña se entrelazan de forma inseparable.
Río Grande – El bailarín y coreógrafo Santiago Soto cumple 26 años de trayectoria artística, un camino que lo llevó a convertirse en uno de los referentes del folklore en Tierra del Fuego. Nacido en 1978 en el casco viejo de Río Grande, en un parto prematuro que ocurrió en su propia casa sobre la calle 25 de Mayo, Soto lleva en su historia personal los primeros lazos con una ciudad que marcó su identidad.
Hijo de una familia humilde, sus primeros pasos en el baile estuvieron ligados a los centros culturales y peñas que animaban la vida riograndense de los años noventa. A los 14 años ya integraba grupos locales y comenzaba a descubrir en el malambo, las zambas y las chacareras un lenguaje propio para expresar lo que significaba crecer en el extremo sur del país.
Su carrera profesional se consolidó con la creación de su propio ballet, que desde entonces ha recorrido escenarios provinciales, nacionales e internacionales. En cada presentación, Soto ha insistido en incorporar elementos que remiten a la realidad fueguina: la estepa, el viento, la historia de los pueblos originarios y, de manera muy especial, la memoria de Malvinas.
“Malvinas no es solo una fecha. Es parte de nuestra identidad cotidiana”, suele repetir el artista. Esa convicción lo llevó a crear obras donde veteranos de la guerra comparten escenario con los bailarines, convirtiendo la danza en un acto de recuerdo y reivindicación de la soberanía. Sus producciones han sido presentadas en Ushuaia, Tolhuin y en distintas ciudades del continente, siempre con el mismo objetivo: visibilizar que el sur argentino tiene una voz propia.
En diálogo con este medio, Soto recordó que su primer gran reconocimiento llegó en 2005 con un espectáculo que fusionaba folklore tradicional con relatos de pioneros y selk’nam. Desde entonces, su trabajo ha evolucionado hacia una propuesta que combina rigor técnico con investigación histórica y antropológica. Ha colaborado con historiadores locales, docentes y miembros de comunidades originarias para dar mayor profundidad a sus coreografías.
La pandemia de 2020 lo obligó a repensar formatos. Lejos de los escenarios, Soto apostó por producciones audiovisuales grabadas en paisajes fueguinos: la costa de Río Grande, el lago Fagnano y la estepa de la Ruta Nacional 3 fueron testigos de danzas filmadas que luego recorrieron redes y festivales virtuales. Esa experiencia reforzó su idea de que el folklore debe dialogar con el territorio que lo inspira.
Hoy, con 48 años, Santiago Soto sigue activo en la formación de nuevas generaciones. Dirige talleres en escuelas y centros culturales de Río Grande, donde insiste en que los jóvenes conozcan su historia antes de aprender los pasos. “No se puede bailar Malvinas si no se entiende lo que significa para un fueguino”, explica a sus alumnos.
Su trayectoria es, en definitiva, un ejemplo de cómo el arte puede ser herramienta de construcción identitaria en una provincia bicontinental. Lejos de las modas efímeras, Soto mantiene el compromiso con un folklore que mira al sur, que recuerda a los caídos en la guerra de 1982 y que celebra la diversidad cultural del fin del mundo.
En un año en el que la causa malvinera vuelve a ocupar un lugar central en la agenda provincial, la figura de artistas como Santiago Soto adquiere renovada relevancia. Porque en sus pies y en sus coreografías late, desde hace 26 años, el pulso de una Tierra del Fuego que se reconoce en su historia, su paisaje y su gente.