Se duplicó la cantidad de perros asilvestrados en el sur y atacan a guanacos y zorros
Un estudio alerta sobre el fuerte aumento de perros salvajes en Tierra del Fuego que depredan fauna nativa. El fenómeno genera preocupación entre especialistas y autoridades provinciales.
La población de perros asilvestrados en el sur argentino se duplicó en los últimos años y representa una amenaza creciente para la fauna nativa de Tierra del Fuego, según un relevamiento reciente.
Los animales, abandonados o escapados de hogares, se adaptaron a la vida silvestre y forman jaurías que atacan principalmente guanacos, zorros colorados y otras especies autóctonas. El impacto se siente con mayor fuerza en los entornos rurales y áreas protegidas de la provincia.
Especialistas estiman que la densidad de estos perros ha pasado de un promedio de 5 a 10 individuos por cada 100 kilómetros cuadrados en zonas clave de la isla. Esta duplicación se atribuye al aumento de la población canina urbana, el escaso control de tenencia responsable y el abandono en zonas periurbanas de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin.
Los ataques no solo afectan a ejemplares jóvenes o débiles. En varios casos documentados, las jaurías persiguen y dan caza a guanacos adultos, generando un estrés adicional en poblaciones ya presionadas por otros factores ambientales. Los zorros colorados, especie clave en el control de roedores, también sufren una mortalidad elevada por esta causa.
Desde el ámbito provincial se reconoce que el problema trasciende lo ambiental y toca la convivencia en áreas donde conviven humanos, ganado ovino y fauna silvestre. En Río Grande, donde el campo abierto facilita el movimiento de los perros, los registros de incidentes han aumentado de manera sostenida desde 2023.
Expertos consultados coinciden en que la solución pasa por tres ejes simultáneos: campañas intensivas de castración y registro de mascotas, mayor control en zonas de interfaz urbano-rural y programas de educación sobre tenencia responsable. Sin embargo, la implementación requiere coordinación entre municipios, provincia y organismos nacionales.
El fenómeno no es exclusivo de Tierra del Fuego. En otras regiones patagónicas también se registran incrementos de perros ferales, pero la insularidad de la provincia amplifica sus efectos al limitar las posibilidades de dispersión y dificultar el manejo poblacional.
Las áreas protegidas, como el Parque Nacional Tierra del Fuego, no están exentas. Guardaparques han registrado evidencias de predación cerca de senderos y lagunas, lo que genera alerta sobre el posible impacto en especies emblemáticas y en el equilibrio ecológico de ecosistemas únicos en el país.
Ante este escenario, desde distintos sectores se reclama una política provincial integral que incluya financiamiento para esterilización masiva, sanciones efectivas por abandono y un sistema de seguimiento con cámaras y rastreo que permita dimensionar con mayor precisión el tamaño real de la población asilvestrada.
Mientras tanto, productores rurales de la zona norte de la isla reportan pérdidas en sus majadas por ataques de jaurías, lo que suma una dimensión económica al problema ambiental. La duplicación de la población en pocos años marca un punto de inflexión que exige respuestas urgentes antes de que el impacto sea irreversible.