Veteranos de Malvinas en Tierra del Fuego: cómo viven, trabajan y aportan 44 años después
De la trinchera a la vida civil en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin. Un recorrido por la inserción laboral, las políticas provinciales de acompañamiento y el rol actual de los excombatientes fueguinos en la comunidad.
A 44 años del conflicto del Atlántico Sur, los veteranos de Malvinas que residen en Tierra del Fuego conforman un colectivo que ha transitado del reconocimiento simbólico a la integración concreta en la vida productiva y social de la provincia. Lejos de las ceremonias anuales, su cotidianeidad se define por el empleo, la salud, la formación y el vínculo con las tres ciudades fueguinas.
Según datos de la Dirección Provincial de Veteranos de Guerra, en la provincia residen alrededor de 420 excombatientes y familiares directos, distribuidos principalmente entre Río Grande (la mayor concentración), Ushuaia y Tolhuin. La mayoría combatió en el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea entre abril y junio de 1982. Muchos llegaron a la isla en los años posteriores atraídos por el subrégimen de promoción industrial y las oportunidades de empleo estatal.
La inserción laboral ha sido uno de los ejes centrales de las políticas provinciales. La Ley Provincial 1058, sancionada en 2012 y modificada en 2019, establece prioridad en el ingreso a la administración pública provincial y municipal para veteranos de guerra y sus hijos. En la práctica, esto se tradujo en la incorporación de más de 180 excombatientes y familiares en organismos como el Instituto Provincial de Vivienda, la Secretaría de Salud y los municipios de las tres ciudades entre 2015 y 2026.
En el sector privado, el rol de AFARTE y de empresas del Parque Industrial de Río Grande ha sido clave. Convenios específicos permiten que veteranos accedan a puestos administrativos, de seguridad, mantenimiento y logística en fábricas electrónicas. En 2024 se firmó un acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y el Centro de Veteranos de Río Grande para capacitar en oficios digitales a 45 excombatientes, muchos de los cuales hoy trabajan en líneas de ensamblaje o en áreas de control de calidad.
La salud mental sigue siendo un capítulo sensible. El Hospital Regional de Ushuaia y el de Río Grande cuentan con equipos interdisciplinarios especializados en estrés postraumático y reinserción. Desde 2021, la provincia adhirió al Programa Nacional de Atención Integral para Veteranos, lo que permitió la creación de un centro de día en Río Grande que atiende a más de 60 personas por mes. Allí se combinan consultas psicológicas, talleres de memoria y actividades físicas adaptadas.
En el plano educativo, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) ofrece becas completas y cupos especiales para hijos de veteranos. En 2025 se graduaron 12 jóvenes en carreras de ingeniería en sistemas, turismo y enfermería gracias a este beneficio. Varios de ellos hoy son los primeros profesionales universitarios de sus familias.
El rol de los centros de veteranos también evolucionó. El Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Río Grande, el más antiguo, ya no se limita a la reivindicación de la soberanía. En los últimos años impulsó un vivero comunitario en Tolhuin, un taller de carpintería en Ushuaia y un programa de huertas familiares que entrega semillas y capacitación a más de 200 familias. Estas iniciativas no solo generan ingresos complementarios, sino que fortalecen lazos intergeneracionales.
Desde el punto de vista presupuestario, la provincia destina anualmente alrededor de 180 millones de pesos (valores 2026) a políticas específicas de veteranos. Esto incluye pensiones provinciales complementarias a las nacionales, pasajes aéreos para tratamientos médicos en el continente y subsidios para vivienda. La coparticipación federal por Malvinas representa un ítem específico dentro de la ley de presupuesto que la Legislatura renueva cada año.
En el terreno simbólico, la Base Naval Integrada y el Polo Logístico Antártico en Ushuaia han incorporado a veteranos como asesores en cuestiones de soberanía. Varios de ellos participan en las expediciones antárticas o en las capacitaciones que se dictan a las nuevas generaciones de marinos y científicos.
Para el fueguino común, los veteranos ya no son solo los que marchan el 2 de abril. Son el vecino que trabaja en la oficina de Rentas, el chofer del colectivo escolar de Tolhuin, el técnico que repara heladeras en Río Grande o la referente que acompaña a las familias en el hospital. Su presencia cotidiana recuerda que la defensa de la soberanía no terminó en 1982, sino que se reconstruye cada día en la vida provincial.
El desafío de la próxima década fue la transición generacional. Muchos veteranos ya superan los 60 años. Por eso, las políticas actuales ponen el foco en sus hijos y nietos, en la transmisión de la memoria y en la continuidad de los beneficios adquiridos. La reforma constitucional provincial que se discute en la Legislatura incluye un artículo específico para blindar las prioridades de empleo y educación para este colectivo.
En definitiva, los veteranos de Malvinas en Tierra del Fuego ya no son solo portadores de una gesta histórica. Son parte activa de la economía, la salud, la educación y la identidad de la provincia más austral del país. Su historia continúa escribiéndose en los talleres, las aulas, los hospitales y los viveros de las tres ciudades.