105 aniversario de Río Grande: Jessica Barrientos y el lazo que une a la gente con su ciudad
En el marco del 105° aniversario de Río Grande, Jessica Barrientos cuenta cómo la ciudad le dio vida, trabajo y oportunidades. Su historia es parte de la serie “Nuestra gente”, que retrata el vínculo de los riograndenses con su suelo.
En el marco del 105° aniversario de la fundación de Río Grande, la ciudad más poblada de Tierra del Fuego celebra no solo su historia institucional, sino fundamentalmente a sus habitantes. La serie “Nuestra gente”, impulsada por el municipio, busca retratar ese lazo profundo que miles de familias mantienen con el lugar que eligieron para crecer.
Jessica Barrientos es una de esas voces. Nacida en el norte del país, llegó a Río Grande hace más de dos décadas siguiendo un trabajo en la industria electrónica. Lo que comenzó como una mudanza temporal se transformó en un arraigo definitivo. “Me dio todo. Me dio vida, me dio trabajo, me dio familia y un futuro que no imaginaba cuando bajé del avión”, resumió en una frase que ya se volvió emblemática.
Su historia refleja la de tantos fueguinos que encontraron en el subrégimen de la Ley 19.640 una oportunidad laboral concreta. Barrientos ingresó como operaria en una terminal de la planta industrial de Río Grande y, con el tiempo, fue creciendo dentro de la empresa hasta asumir responsabilidades de supervisión. Hoy forma parte del equipo de calidad de una de las fábricas más importantes del polo.
“Acá aprendí un oficio, conocí a mi marido –que también es de la industria– y criamos a nuestros dos hijos. Los tres estudian en escuelas riograndenses y sueñan con seguir vinculados al trabajo local”, cuenta. Para ella, el crecimiento de la ciudad no se mide solo por la cantidad de habitantes, sino por la estabilidad laboral que permite planificar a largo plazo.
Río Grande atraviesa un momento clave en su economía. El sector industrial, motor histórico de la ciudad, enfrenta los desafíos de la reconversión tecnológica y la competencia global, pero sigue siendo el principal generador de empleo formal. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE), el polo riojano mantiene alrededor de 4.500 puestos directos, la mayoría en Río Grande.
Barrientos no solo valora el aspecto laboral. Destaca el tejido social que se tejió alrededor de la industria: centros culturales, clubes deportivos, escuelas técnicas y una red de contención que acompaña a las familias. “Cuando llegué no conocía a nadie. Hoy tengo un grupo de amigas que son como hermanas. Todas trabajamos en la zona industrial y nos acompañamos en las buenas y en las malas”, relata.
La celebración de los 105 años encuentra a la ciudad con proyectos en marcha que buscan diversificar su matriz productiva. La reconversión hacia energías renovables, el impulso a la economía del conocimiento y el fortalecimiento de los servicios vinculados al gas de la Cuenca Austral son parte de la agenda que el municipio y los actores productivos discuten para las próximas décadas.
Sin embargo, para Jessica y para muchos riograndenses, el verdadero sentido del aniversario está en lo cotidiano: el turno de la mañana en la fábrica, el colectivo que lleva a los chicos al colegio, la caminata por la costanera del río Grande o el asado de los domingos con vecinos. “Esta ciudad te exige, pero también te recompensa. Te enseña a valorar lo que tenés y a pelear por lo que querés”, afirma.
La serie “Nuestra gente” continuará durante todo el año aniversario con testimonios de trabajadores, docentes, comerciantes, pescadores y profesionales que, como Jessica, construyen día a día el futuro de Río Grande. Porque más allá de los actos oficiales y las obras inauguradas, el verdadero motor de la ciudad siempre fueron sus habitantes.
En un contexto nacional complejo, donde la industria fueguina vuelve a debatir su sostenibilidad, voces como la de Barrientos recuerdan por qué Río Grande no es solo un punto en el mapa austral: es un proyecto colectivo que sigue escribiéndose con esfuerzo, arraigo y esperanza.