Sociedad

Cómo convivir con los castores en Tierra del Fuego: guía práctica para fueguinos

Los castores modificaron para siempre los paisajes de la isla. Esta guía repasa el impacto real en ríos y bosques fueguinos, qué dice la ley provincial, cómo actuar ante un dique cerca de tu casa o campo y qué se está haciendo para manejar la especie sin repetir errores del pasado.

Publicado el 9 de julio de 2026, 11:15 hs

Los castores llegaron a Tierra del Fuego en 1946. Veinticinco parejas fueron liberadas en el lago Fagnano con la idea de crear una industria de pieles que nunca despegó. Hoy, más de siete décadas después, la especie se convirtió en uno de los ingenieros ecológicos más efectivos y polémicos del sur del mundo.

A diferencia de notas que se centran solo en la destrucción o en planes de erradicación total, esta guía busca dar herramientas concretas al vecino, al puestero, al dueño de campo o al turista que se cruza con un dique o una colonia en la provincia. Porque el castor ya es parte del paisaje fueguino y aprender a convivir con él, sin ingenuidad, es la única vía realista.

El impacto concreto en los cursos de agua fueguinos

Un castor adulto puede cortar hasta 200 árboles por año. Pero el verdadero cambio no está en la madera sino en el agua. Cada dique modifica el régimen hídrico de un arroyo: crea lagunas que inundan hectáreas de bosque nativo, mata ñires y guindos por encharcamiento y favorece el ingreso de especies exóticas.

En la cuenca del río Grande y en los afluentes del Fagnano, los especialistas miden que entre el 30 y el 40 % de los cursos de agua de primer y segundo orden tienen modificaciones por castores. Eso genera erosión en las orillas, sedimentación en los cauces y, en algunos casos, problemas en tomas de agua para consumo humano o para estancias.

Sin embargo, también hay efectos que no siempre se mencionan: los diques retienen agua en verano, reducen la velocidad de crecidas y crean hábitat para aves y peces en sectores donde antes había arroyos de escaso caudal. La clave es entender que no hay un impacto “bueno” o “malo” en abstracto, sino un cambio profundo del ecosistema que ya no volverá al estado previo a 1946.

Qué dice la normativa provincial y nacional

La ley provincial 529 de 2000 declaró al castor (Castor canadensis) como especie nociva. Esa norma autoriza su control y, en ciertos casos, su aprovechamiento. La Secretaría de Ambiente de la provincia y el Consejo Agrario Provincial son las autoridades de aplicación.

A nivel nacional, el castor está incluido en el listado de especies exóticas invasoras de la Ley 26.331 de Bosques Nativos. Eso implica que cualquier plan de manejo debe contar con evaluación de impacto ambiental y seguimiento.

Para el particular, lo más importante es saber que está prohibido transportar castores vivos o sus pieles sin autorización. También está vedado alimentarlos o intentar “domesticarlos”. Si tenés un dique en tu propiedad rural o urbana, podés solicitar la intervención del equipo provincial de control. El trámite se inicia en Río Grande o Ushuaia según la zona.

Qué hacer si encontrás un dique cerca de tu casa o campo

  1. No intentes destruirlo vos mismo. Además de peligroso (los castores defienden su territorio), podés generar una inundación repentina o dañar cursos de agua protegidos.

  2. Documentá. Tomá fotos con fecha, georreferenciá el lugar (cualquier app de mapas sirve) y anotá el tamaño aproximado del dique y si hay evidencia de actividad reciente (troncos frescos, huellas, lodazales).

  3. Llamá a las autoridades. En Ushuaia contactá a la Dirección de Conservación y Áreas Protegidas. En Río Grande, al equipo de Fauna de la Secretaría de Ambiente. En Tolhuin, derivan al Consejo Agrario. Los números actualizados suelen estar en la web del gobierno provincial.

  4. Si el dique afecta una toma de agua, alambrado o camino, presentá una nota formal. Los organismos priorizan casos que generan daño económico o riesgo para personas.

  5. En zonas turísticas o senderos del Parque Nacional, avisá al guardaparque más cercano. Ellos tienen protocolo específico y suelen registrar cada nuevo dique para estudios de largo plazo.

El debate actual: control, aprovechamiento o coexistencia

Desde hace unos años se viene probando un modelo mixto. Por un lado, se mantienen las campañas de captura y sacrificio en zonas prioritarias (cabeceras de cuenca, áreas de bosque de alto valor). Por otro, se exploran formas de aprovechamiento sostenible de la piel y la carne.

Algunos puesteros y artesanos locales ya elaboran productos con cuero de castor tratado. Hay experiencias piloto de curtido artesanal que buscan generar un pequeño mercado local. La carne, baja en grasa y con sabor similar al de otros roedores grandes, se ha usado en charcutería experimental.

Sin embargo, los biólogos insisten en que el aprovechamiento económico no reemplaza al control poblacional. Una pareja de castores puede duplicar su colonia cada dos o tres años en condiciones ideales. Por eso, cualquier plan que se limite a “cazar para vender” sin un seguimiento estricto termina siendo ineficaz.

Recomendaciones para dueños de campos y vecinos de zonas rurales

  • Revisá periódicamente los arroyos que cruzan tu propiedad, especialmente después de las crecidas de primavera.
  • Si instalás alambrados nuevos cerca de un curso de agua, elevá los postes o usá mallas enterradas para evitar que los castores los rodeen inundando el terreno.
  • Colaborá con los relevamientos científicos. Hay proyectos de la UNTDF y del CONICET que necesitan datos de distribución. Un simple formulario en línea puede ayudar a mapear mejor la presencia de la especie.
  • Educá a los más chicos. En muchas escuelas rurales ya se habla del castor como “el ingeniero que no pedimos”. Entender su biología evita tanto el odio irracional como el romanticismo que lleva a alimentarlos.

El futuro de los castores en la isla

Ningún especialista serio cree que se pueda erradicar por completo al castor de Tierra del Fuego. La isla es grande, los terrenos son difíciles y el presupuesto para control es limitado. El objetivo realista es mantener la densidad en niveles manejables y proteger los ecosistemas más frágiles.

Eso implica decisiones difíciles: priorizar ciertas cuencas, aceptar que en otras el castor será parte del paisaje y seguir investigando métodos más selectivos y éticos de control.

Para el fueguino común, la conclusión es más sencilla: el castor ya es parte de nuestra historia. No lo trajimos nosotros, pero nos toca gestionarlo. Con información, prudencia y respeto a las normas, es posible reducir sus impactos negativos sin caer en la fantasía de volver a un paisaje que ya no existe.

Si vivís en Ushuaia, Río Grande o Tolhuin y tenés un problema concreto con castores, guardá este artículo. Los números de contacto y los pasos a seguir no cambian tan rápido como los diques que aparecen cada invierno en nuestros ríos.

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