La extorsión de la polarización y el intento de construir un centro en Tierra del Fuego
Dirigentes de distintos signos políticos se reunieron en Buenos Aires para debatir gobernanza comunal y mostraron que persiste un electorado huérfano de los polos. En la provincia, el pulso de la coparticipación y el presupuesto 2027 amplifican la misma tensión entre Kicillof, Massa y el oficialismo nacional.
La idea de que existe un electorado moderado, cansado de los extremos, volvió a manifestarse esta semana en un encuentro convocado por el gobierno porteño de Jorge Macri en la Usina del Arte, en el barrio de La Boca. Más de 30 intendentes y 300 expertos de todo el país, de las más diversas banderías, compartieron una jornada sobre ciudades inteligentes, inteligencia artificial y gobernanza comunal, lejos de las consignas polarizantes.
El evento, según informó Clarín, funcionó como un ensayo concreto de la hipótesis que viene reclutando adhesiones en varios espacios: hay un público que busca alternativas que escapen a la extorsión de los polos. En Tierra del Fuego, donde la relación con la coparticipación federal, la recaudación de AREF y el debate por el presupuesto 2027 definen el día a día de las tres ciudades, esa tensión se vive con particular nitidez.
El sistema político argentino mutó desde la restauración democrática de 1983. Aquella bipolaridad alfonsinista-luderista dio paso en los ’90 al FrePaSo, que en 1995 reunió cinco millones de votos. En el siglo XXI se consolidó lo que Jesús Rodríguez describió como “bicoalicionismo imperfecto”. Esa dualidad de coaliciones flexibles fue puesta a prueba en 2023 y se ratificó en 2025: el no peronismo retuvo el 41 % y el peronismo el 34 %. De esa cantera debería emerger una opción de centro que alivie la presión sobre el electorado.
Dentro del peronismo, esa expectativa alimenta la estrategia de Axel Kicillof. El gobernador bonaerense se mantiene deliberadamente lejos del cristinismo más duro, convencido de que esa distancia le permite sumar independientes y sectores peronistas que rechazan tanto a Cristina Kirchner como a una centro-derecha dura. Sin embargo, la movida arriesga dividir al peronismo, y la historia enseña que quien se divide suele perder. Kicillof apuesta a mantener las PASO para dirimir allí su liderazgo frente a eventuales candidaturas como la de Sergio Massa, quien en el ballotage de 2023 obtuvo 44 puntos en el peor momento del espacio.
La reciente votación en la Legislatura del Chaco, donde una diputada massista rompió un empate 16-16 para suspender las PASO provinciales, generó malestar en el entorno de Kicillof. Massa negó haber impartido la orden, pero el episodio dejó en evidencia las fisuras internas. En Tierra del Fuego, donde la relación Nación-Provincia pasa por el reparto de recursos y la defensa de la Ley 19.640, estos movimientos nacionales se siguen con atención porque terminan impactando en el financiamiento de obras, servicios y el gas invernal.
Del otro lado del espectro, también en el centro-derecha hay un segmento que acompañó a Javier Milei en 2023 y 2025 pero ahora busca figuras que se alejen de la polarización. Se menciona a Victoria Villarruel con un potencial 5 % y, sobre todo, a Hernán Lacunza, quien combina ortodoxia económica con menor volatilidad discursiva y podría llegar al 10 %. Si esas candidaturas prosperan, la reelección de un presidente sin partido propio, sin gobernadores ni estructura territorial se complicaría seriamente.
La conferencia de Jorge Macri también dejó ver movimientos internos en Juntos por el Cambio. El jefe de gobierno porteño envió funcionarios a Mendoza a dialogar con Silvia Lospennato y Facundo Quintana, en un gesto que busca recomponer lazos en la familia Macri. Al mismo tiempo, se percibe un esfuerzo por posicionar una agenda propia que trascienda lo municipal y apunte a 2027. En paralelo, el oficialismo nacional muestra señales de debilidad legislativa. No logró quórum en el Senado para avanzar con iniciativas clave como la Ley de Empalme entre el RIMI y el RIGI, el SuperRIGI ni la ley de bonos de carbono. Victoria Villarruel, desde su lugar, resiste cambios de nombres en comisiones y exige cumplimiento de acuerdos.
Los gobernadores, incluido Gustavo Melella, observan con preocupación la caída de la recaudación nacional y su impacto en los fondos coparticipables. En Tierra del Fuego, donde AREF y el presupuesto provincial son temas de Estado, esa merma se traduce directamente en menos recursos para salud, educación y obras en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin.
La oposición en Diputados reunió 133 firmas —cuatro por encima del quórum— para sesionar sin el oficialismo y tratar proyectos cajoneados, como la prórroga de la emergencia de discapacidad y medidas de alivio a deudores financieros. La sesión podría concretarse el miércoles 9. El Gobierno, mientras tanto, recurrió a la cuestión Malvinas, recurso clásico de gestiones con baja legitimidad propia, para intentar recomponer apoyo.
El escenario que se dibuja es de al menos cuatro jugadores fuertes, con un final abierto. Para el fueguino, lo que importa es cómo esa fragmentación nacional afectará la coparticipación, la continuidad de regímenes promocionales, el financiamiento del gas y la capacidad de las intendencias para resolver problemas concretos de infraestructura y empleo. La polarización extorsiona; la construcción de alternativas moderadas todavía busca su cauce. Hasta ahora, solo ha logrado reunir a intendentes y expertos en una usina porteña a hablar de inteligencia artificial mientras, en los rincones, se tejía la rosca de siempre.