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La misteriosa vara para sancionar árbitros en el fútbol fueguino

Fernando Espinoza fue suspendido por un chiste en un sorteo, mientras errores groseros de árbitros y VAR en canchas locales quedan sin consecuencias. ¿Por qué la severidad no se aplica igual en los partidos?

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Pelota de futbol apoyada en el cesped de un estadio vacio con las tribunas desenfocadas al atardecer

La sanción a Fernando Espinoza por un comentario humorístico durante un sorteo de la Liga de Fútbol de Ushuaia volvió a poner sobre la mesa un tema recurrente en el deporte local: la vara con la que se mide a los árbitros.

El experimentado juez, con larga trayectoria en ligas fueguinas y torneos provinciales, recibió una fuerte suspensión por “falta de respeto” tras hacer un chiste en un acto protocolar. La medida generó sorpresa en el ambiente futbolero, donde muchos se preguntan por qué esa misma rigurosidad no aparece a la hora de evaluar fallos arbitrales que modifican resultados o perjudican gravemente a los equipos.

En las últimas semanas se registraron varios casos polémicos en canchas de Ushuaia y Río Grande. Expulsiones injustificadas, penales inexistentes validados por el VAR y goles anulados sin motivo claro se acumularon sin que la Comisión de Árbitros o los cuerpos técnicos de las ligas emitieran sanciones o explicaciones públicas.

“Si un árbitro se equivoca en un partido de Primera y le cuesta dos puntos a un equipo, lo mínimo que debería pasar es una revisión y, si corresponde, una suspensión. Pero parece que hay una vara distinta”, comentó un dirigente de un club riograndense que prefirió mantener el anonimato para evitar represalias.

Fuentes consultadas en la Liga de Fútbol de Ushuaia admitieron en off que la sanción a Espinoza responde a un intento de “poner orden” en los actos oficiales, pero reconocieron que el control sobre el desempeño arbitral en cancha sigue siendo “insuficiente”. El VAR, implementado de manera progresiva en algunos torneos locales desde 2024, generó más controversias que soluciones: en varios partidos las tomas no fueron concluyentes y las decisiones terminaron siendo subjetivas.

En el fútbol amateur y de formativas, donde no siempre hay tecnología, la situación es aún más complicada. Padres y entrenadores coinciden en que los errores arbitrales afectan la motivación de los chicos y, en algunos casos, derivan en incidentes. Sin embargo, las quejas rara vez prosperan más allá de la cancha.

Desde la Asociación Fueguina de Árbitros defendieron la medida contra Espinoza argumentando que “el árbitro también es un referente y debe cuidar su imagen”. Pero evitaron responder sobre los mecanismos concretos de evaluación de desempeño en los partidos, un punto que queda en la nebulosa.

El caso revive un debate eterno en el deporte provincial: la necesidad de mayor profesionalización, capacitación continua y, sobre todo, criterios claros y uniformes. Mientras un chiste en un sorteo se castiga con dureza, fallos que influyen directamente en la tabla de posiciones parecen quedar en el terreno de “errores humanos” sin mayores consecuencias.

Dirigentes, entrenadores y jugadores consultados coinciden en que hace falta una mayor transparencia. Publicar las evaluaciones arbitrales, como ocurre en algunas ligas del país, podría ser un primer paso. También se menciona la posibilidad de crear un tribunal de disciplina independiente que evalúe tanto las conductas extrafutbolísticas como los errores graves dentro del campo.

Hasta que eso ocurra, la “misteriosa vara” seguirá midiendo con distinta severidad a quienes pitan y a quienes hacen chistes. Y el fútbol fueguino, como siempre, seguirá pagando los platos rotos de la inconsistencia.

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