Sociedad

Olvidos cotidianos: ¿cuándo prestarles atención?

Los olvidos de nombres, llaves o el motivo por el que entramos a una habitación son comunes, pero a partir de cierta edad o con ciertos síntomas pueden ser señal de algo más serio. Especialistas explican cuándo conviene consultar.

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Prevención de hipertensión
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Los olvidos cotidianos forman parte de la vida de casi todas las personas. Entrar a la cocina y quedarse mirando sin recordar para qué fuimos, tener un nombre “en la punta de la lengua” o no acordarnos dónde dejamos las llaves son experiencias que se repiten con frecuencia, sobre todo a partir de los 40 o 50 años.

Sin embargo, no todos los olvidos son iguales. La mayoría responde a fallas normales de la memoria asociadas al estrés, la falta de sueño, el multitasking o simplemente al envejecimiento natural. Pero en algunos casos pueden ser la primera señal de un deterioro cognitivo más importante que merece ser evaluado.

Según especialistas en neurología y gerontología, la clave está en distinguir entre el olvido benigno y aquel que afecta la funcionalidad diaria. El olvido normal es cuando uno no recuerda el nombre de una persona que vio pocas veces o dónde dejó las gafas hace diez minutos. El preocupante aparece cuando se repite la pérdida de información reciente, se olvida cómo se realizan tareas habituales o se desorienta en lugares conocidos.

En Tierra del Fuego, donde el envejecimiento poblacional avanza y el acceso a especialistas neurológicos es limitado fuera de Ushuaia y Río Grande, los médicos de familia suelen ser la primera puerta de consulta. “Muchos pacientes llegan preocupados porque olvidan nombres o citas, pero lo que realmente nos alerta es cuando empiezan a afectar la autonomía: no recordar cómo volver a casa, repetir la misma pregunta varias veces en pocos minutos o perder la capacidad de manejar dinero o medicamentos”, explica el neurólogo consultado en el Hospital Regional de Ushuaia.

Los factores de riesgo que pueden acelerar estos olvidos incluyen hipertensión arterial mal controlada, diabetes, colesterol alto, sedentarismo, tabaquismo y aislamiento social. También influyen el estrés crónico y la depresión, problemas muy presentes en la provincia por las condiciones climáticas y la distancia geográfica.

Los expertos recomiendan prestar atención a las “señales rojas”: olvidar eventos importantes de la vida reciente, perderse en trayectos habituales, tener dificultad para seguir conversaciones o instrucciones, dejar de manejar electrodomésticos conocidos o mostrar cambios en el humor y la personalidad junto con los olvidos.

Ante estos síntomas, lo aconsejable es realizar una evaluación cognitiva completa que puede incluir tests neuropsicológicos, análisis de laboratorio y, en algunos casos, estudios por imágenes. La detección temprana permite intervenir con mayor éxito, ya sea mediante tratamiento farmacológico, estimulación cognitiva, actividad física o control de factores vasculares.

Mientras tanto, hay hábitos que ayudan a mantener la memoria en forma: dormir entre siete y ocho horas, realizar ejercicio aeróbico regular, mantener una dieta rica en frutas, verduras, pescado y nueces, leer, resolver crucigramas o aprender cosas nuevas. También es importante mantener una vida social activa, algo que en las tres ciudades fueguinas se facilita con centros de jubilados y actividades comunitarias.

Los olvidos ocasionales no deben generar alarma, pero ignorar un patrón que empeora sí puede tener consecuencias. Conocer la diferencia y consultar a tiempo es la mejor forma de cuidar la salud cerebral a lo largo de los años.

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