Por qué los jóvenes fueguinos cada vez evitan atender llamadas telefónicas
El uso de WhatsApp, el miedo a lo desconocido y la preferencia por mensajes escritos explican el cambio de hábito entre adolescentes y veinteañeros de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin.
En las tres ciudades de Tierra del Fuego, cada vez son más los jóvenes que directamente no atienden llamadas de números desconocidos o incluso de contactos guardados. La tendencia, que ya es global, tiene particularidades locales que se repiten en encuestas informales entre estudiantes secundarios y universitarios.
Según datos de la consultora internacional DataReportal actualizados a 2024, el 68 % de los usuarios de entre 16 y 24 años prefiere la mensajería instantánea por sobre las llamadas de voz. En Río Grande, donde el parque industrial genera un flujo constante de ofertas laborales temporarias, muchos jóvenes cuentan que ignoran llamadas porque “no saben si es una oferta de trabajo real o un intento de estafa”.
“Prefiero que me manden un mensaje de texto o audio por WhatsApp. Si es importante, después me llaman de vuelta”, cuenta Martina López, de 19 años, estudiante de la UNTDF en Ushuaia. Su experiencia se repite en decenas de conversaciones con pares en Tolhuin y Río Grande. El temor a la “llamada fantasma” —esa que aparece sin identificación y genera ansiedad— es uno de los motivos más mencionados.
Desde el punto de vista psicológico, especialistas locales consultados coinciden en que las generaciones más jóvenes crecieron con una cultura de la inmediatez escrita. “La llamada implica una interrupción abrupta del flujo de lo que uno está haciendo. Un mensaje se lee cuando el receptor decide”, explica la psicóloga rocagloriense Laura González, quien atiende cada vez más consultas relacionadas con ansiedad digital entre pacientes de entre 15 y 25 años.
En el plano laboral, la situación genera fricciones. Gerentes de recursos humanos de empresas del Parque Industrial de Río Grande comentan que muchos postulantes no responden llamadas para coordinar entrevistas. “Terminamos escribiéndoles por Instagram o LinkedIn porque es la única forma de que contesten”, reconoce un responsable de selección de una terminal electrónica que pidió reserva de su nombre.
El fenómeno también impacta en la vida cotidiana fueguina. Padres de adolescentes en Tolhuin relatan que sus hijos solo atienden si ven la foto de perfil en WhatsApp. “A veces es urgente: una emergencia familiar, una cita médica, un cambio de horario en el colectivo. Y no responden”, dice María Elena Ruiz, vecina de la ciudad del centro de la isla.
Desde AFARTE y la UOM no hay datos oficiales, pero delegados sindicales observan que en las nuevas generaciones de operarios la comunicación interna dentro de las fábricas también migra hacia aplicaciones de mensajería. “Los más chicos prefieren el grupo de WhatsApp antes que levantar el teléfono interno”, comentan.
Especialistas en comunicación digital sostienen que este cambio de hábito no es solo una moda. Refleja una transformación profunda en la forma de relacionarse: mayor control sobre el propio tiempo, menor tolerancia a la interrupción y una natural desconfianza hacia lo no solicitado. En una provincia donde el costo de vida es alto y el empleo formal depende en gran medida de la estabilidad del subrégimen industrial, esa necesidad de control sobre la propia agenda se vuelve aún más comprensible.
Mientras tanto, las compañías de telefonía local siguen ofreciendo planes con minutos ilimitados que cada vez se usan menos entre los jóvenes. La pregunta que queda abierta es cómo se adaptarán las instituciones —sean escuelas, empleadores o servicios públicos— a una generación que, simplemente, no quiere atender el teléfono.