Sociedad

Amina Roldán, una huella que sigue bailando en Ushuaia

A seis años de su partida, familiares y alumnas recuerdan a la docente y artista que transformó la danza en lenguaje vital para varias generaciones de fueguinas. Su legado perdura en clases, shows y en la memoria colectiva de la capital.

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Día del Folclore: el legado fueguino que se celebra en el fin del mundo
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A seis años de su partida, Leila Roldán y Lola Acosta, entre otras alumnas y colegas, mantienen vivo el recuerdo de Amina Roldán, la artista y docente que convirtió la danza en un lenguaje profundo y transformador para decenas de fueguinas.

Nacida en Ushuaia, Amina desarrolló una carrera que combinó la enseñanza con la creación escénica. Sus clases no se limitaban a pasos técnicos: eran espacios de expresión, confianza y descubrimiento personal. Muchas de sus alumnas, que hoy son adultas, aseguran que la danza les dio herramientas para enfrentar la vida con mayor libertad y autoestima.

Leila Roldán, su hermana, recuerda las largas conversaciones sobre movimiento y emoción. “Amina siempre decía que el cuerpo cuenta lo que las palabras no alcanzan”, cuenta. Esa filosofía se tradujo en coreografías que hablaban de identidad, de la Patagonia, del viento y del fin del mundo, temas que resonaban especialmente en el público local.

Lola Acosta, una de sus primeras alumnas, destaca la capacidad de Amina para adaptar la enseñanza a cada persona. “No había dos clases iguales. Ella veía en cada una de nosotras algo único y lo potenciaba. Eso marcó mi vida para siempre”, afirma. Hoy Lola transmite parte de esa metodología en talleres que dicta en la ciudad.

La huella de Amina también se siente en la comunidad artística de Ushuaia. Participó en producciones del Teatro Municipal, en festivales de danza contemporánea y en proyectos que unían danza con otras disciplinas como la música y las artes visuales. Su partida en septiembre de 2020 dejó un vacío, pero también un impulso para que sus alumnas siguieran creando.

En estos días se organizan encuentros informales donde se comparten videos antiguos, se recuerdan anécdotas y se baila en su honor. No se trata de un homenaje formal, sino de una continuidad natural: el movimiento como forma de mantenerla presente.

En Tierra del Fuego, donde el aislamiento geográfico puede pesar, Amina Roldán enseñó que el arte conecta y sana. Sus coreografías, sus clases y su forma de estar en el mundo siguen latiendo en cada alumna que se anima a moverse con libertad sobre un escenario o en la intimidad de una sala de ensayo.

El legado de docentes como ella es silencioso pero perdurable. En un momento en que la cultura y las expresiones artísticas enfrentan desafíos económicos y de visibilidad, recordar a Amina es también reafirmar la importancia de sostener espacios de creación en la provincia.

Desde la redacción seguimos atentos a las iniciativas que mantengan vivo este tipo de patrimonio inmaterial que tanto enriquece la identidad fueguina.

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