Convenio INTA-Provincia para desarrollar herramientas biológicas y potenciar la bioeconomía fueguina
El Ministerio de Producción y Ambiente firmó un acuerdo con el INTA para crear soluciones biotecnológicas que controlen plagas y malezas en la isla, buscando diversificar la matriz productiva más allá de la industria electrónica, la energía y la pesca.
El Ministerio de Producción y Ambiente de Tierra del Fuego rubricó un convenio de cooperación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para el desarrollo de herramientas biológicas orientadas a controlar la proliferación de plagas y malezas en la provincia.
El acuerdo, firmado este domingo 11 de octubre de 2026, busca sentar las bases de un programa de bioeconomía que aproveche el conocimiento científico para generar nuevas actividades productivas con bajo impacto ambiental. En una provincia cuya economía descansa fuertemente en la industria electrónica, la explotación de hidrocarburos en la Cuenca Austral y la pesca comercial, esta iniciativa apunta a ampliar la matriz productiva incorporando la biotecnología como eje estratégico.
Desde la cartera provincial destacaron que las herramientas biológicas —principalmente microorganismos y biopesticidas— permitirán reducir el uso de químicos en producciones agrícolas, ganaderas y forestales, actividades que, aunque marginales en volumen, tienen potencial de crecimiento en Tolhuin y el centro de la isla. El INTA, con su experiencia en el desarrollo de bioinsumos adaptados a condiciones extremas, aportará germoplasma, protocolos de fermentación y ensayos de campo.
La bioeconomía no es un concepto abstracto en Tierra del Fuego. El recurso forestal, el manejo del lago Fagnano y la propia riqueza ictícola del Atlántico Sur ya demandan enfoques basados en la sostenibilidad. Fuentes del Ministerio explicaron que el convenio incluye la transferencia tecnológica hacia productores locales y la formación de recursos humanos en la UNTDF, con el objetivo de que en el mediano plazo se puedan escalar estos desarrollos a nivel comercial.
El control biológico de malezas invasoras como la retama y ciertas gramíneas que afectan pastizales naturales es una de las prioridades iniciales. En paralelo, se explorará el uso de bacterias fijadoras de nitrógeno y hongos micorrícicos para mejorar la productividad de suelos ácidos y fríos característicos de la isla. Estos avances podrían tener impacto indirecto en la cadena de valor de la ganadería ovina y en la producción de forrajes, sectores que generan empleo en Río Grande y Tolhuin.
Desde el punto de vista económico, la diversificación es clave. La provincia enfrenta la necesidad de generar actividades que no dependan exclusivamente de las regalías hidrocarburíferas ni de las fluctuaciones de las cuotas pesqueras de merluza negra, langostino y vieira. La bioeconomía, al combinar conocimiento científico con recursos locales, abre la puerta a la generación de productos de mayor valor agregado y a la creación de empleos calificados.
El convenio también contempla la posibilidad de articular con el sector privado. Empresas del parque industrial y emprendimientos vinculados al turismo de naturaleza podrían incorporarse como socios en etapas posteriores, especialmente en el desarrollo de bioproductos para el control de especies exóticas que afectan los ecosistemas que atraen a los visitantes.
Especialistas consultados coinciden en que Tierra del Fuego posee condiciones únicas —aislamiento geográfico, biodiversidad particular y presencia de instituciones científicas— que la posicionan como un laboratorio natural para este tipo de innovaciones. El desafío ahora es pasar de la firma del convenio a la concreción de prototipos, ensayos y, finalmente, a la adopción por parte de los productores fueguinos.
Con este acuerdo, la provincia da un paso concreto hacia una economía más diversificada, donde la biotecnología y la bioeconomía dejen de ser palabras de agenda nacional para convertirse en herramientas reales de desarrollo local.