Malvinas Y Antártida

Docentes fueguinos en la Antártida: el frío extremo y el calor humano que los sostiene

Maestras y maestros de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin que enseñan en bases antárticas argentinas cuentan cómo es vivir y educar en el continente blanco. Destacan que, aunque las temperaturas son mucho más bajas que en el invierno fueguino, el compañerismo y el sentido de misión compensan las dificultades.

Publicado el 17 de julio de 2026, 19:45 hs

Un grupo de docentes fueguinos se encuentra cumpliendo funciones educativas en distintas bases antárticas argentinas, llevando la experiencia acumulada en las aulas de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin al extremo sur del planeta.

En una entrevista con Aire Libre FM 96.3, varias maestras y maestros coincidieron en una frase que resume la experiencia: “Hace más frío que en Tierra del Fuego, pero el calor humano ayuda a sobrellevarlo”. Las temperaturas que rondan los 30 o 40 grados bajo cero en invierno contrastan fuertemente con el clima insular fueguino, aunque el compromiso colectivo y el apoyo entre compañeros mitigan el aislamiento.

La mayoría de estos educadores proviene de escuelas públicas de la provincia y fue seleccionado por el Ministerio de Educación de la Nación y el Comando Conjunto Antártico para formar parte del plantel docente que atiende a los hijos de los miembros de las fuerzas armadas y científicos que permanecen varios meses en el continente blanco.

“El primer impacto es el frío y la luz. En verano hay sol las 24 horas y en invierno casi no sale. Eso afecta el sueño y el ánimo, pero después te adaptás”, relató una docente de Río Grande que se encuentra en la base Carlini. Agregó que el grupo de maestros forma una “familia ampliada” donde todos se cuidan y se acompañan.

Desde Ushuaia, otra maestra que ya cumplió dos campañas antárticas explicó que el desafío pedagógico también es grande. “Los chicos que viven acá son pocos, pero vienen con trayectorias muy distintas. Algunos nacieron en la base, otros llegaron con sus padres hace poco. Hay que adaptar los contenidos constantemente y, sobre todo, generar un espacio de contención emocional”, detalló.

En Tolhuin, una docente que regresó recientemente de la base Esperanza contó que el vínculo con Tierra del Fuego se mantiene vivo a través de las videollamadas con familiares y colegas. “Les contamos a nuestros alumnos de la provincia cómo es la vida acá. Muchos sueñan con venir algún día”, señaló.

La presencia fueguina en la Antártida no es casual. La provincia es la puerta de entrada natural al continente blanco y desde hace años se promueve la formación de recursos humanos locales para reforzar la presencia argentina en la región. Además de docentes, hay científicos, meteorólogos y personal de apoyo oriundos de las tres ciudades fueguinas.

“Uno siente que está cumpliendo una misión que trasciende el aula. Acá representamos no solo a la educación, sino también a la soberanía y al conocimiento científico argentino”, reflexionó uno de los maestros entrevistados.

Las condiciones de vida en las bases son rigurosas. Las viviendas son módulos adaptados al frío extremo, la comida se planifica con meses de anticipación y las actividades recreativas se organizan en espacios limitados. Sin embargo, todos coinciden en que el compañerismo y el sentido de pertenencia a un proyecto colectivo son los que realmente permiten resistir el aislamiento y las bajas temperaturas.

Desde el Gobierno provincial se valora esta contribución. Fuentes de Educación confirmaron que se está trabajando en un programa de reconocimiento para estos docentes una vez que regresen, con el objetivo de que su experiencia enriquezca el sistema educativo local.

Mientras tanto, en pleno invierno antártico, los maestros fueguinos siguen dando clases, corrigiendo cuadernos y, sobre todo, generando ese “calor humano” que mencionan una y otra vez: el que hace que, a miles de kilómetros de casa, se sientan un poco más cerca.

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