Economía

Cómo convertir Tolhuin en un destino de turismo de naturaleza todo el año sin depender solo del verano

Publicado el 17/06/2026

San Miguel de Tucumán, Argentina.
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Más allá de la temporada estival, Tolhuin tiene potencial para desarrollar un turismo de naturaleza y aventura sostenible que genere empleo genuino. Analizamos las oportunidades, los números detrás del sector y qué reformas se necesitan para que deje de ser un paso intermedio entre Ushuaia y Río Grande.

Tolhuin ocupa un lugar geográfico privilegiado: entre el lago Fagnano y las estribaciones de la cordillera, con acceso directo a bosques magallánicos y estepas. Sin embargo, según los registros de la Secretaría de Turismo provincial correspondientes a 2023, solo el 18 % de los visitantes que llegan a Tierra del Fuego pernoctan en la localidad. El resto la usa como parada técnica rumbo a Ushuaia o para una foto rápida en el famoso “árbol caído”.

Los números del INDEC y del Observatorio Turístico Fueguino muestran que el gasto promedio por turista en Tolhuin es de $18.400 por día, un 37 % por debajo del promedio provincial. Esa brecha no se explica por precios más bajos, sino por la falta de oferta de actividades de mayor valor agregado que motiven a quedarse más noches.

El problema de la estacionalidad

Entre diciembre y marzo se concentra el 68 % de la actividad turística local. El resto del año, los alojamientos bajan su ocupación a menos del 22 % y muchos prestadores cierran. Esa volatilidad impacta directamente en la calidad del empleo: según datos del SIPA, el 74 % de los contratos en el sector son temporarios o por temporada.

Esto genera un círculo vicioso. Sin ingresos estables, es difícil invertir en infraestructura o capacitar personal. Y sin infraestructura de calidad, cuesta atraer al turista que busca experiencias durante el invierno o el otoño.

Oportunidades concretas que los números respaldan

El turismo de observación de aves ya demuestra potencial. El sitio de la Reserva Provincial Lago Fagnano registra más de 140 especies, muchas de ellas observables todo el año. Un estudio de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego estimó que cada turista birdwatcher gasta en promedio $94.000 durante su estadía, casi cinco veces más que un turista tradicional.

Otra veta es el turismo astronómico. Tolhuin tiene uno de los cielos más limpios del país gracias a la baja contaminación lumínica. Empresas que operan en Bariloche y San Pedro de Atacama han mostrado interés en paquetes combinados con el lago, pero faltan miradores equipados y guías certificados.

El senderismo y trekking de baja dificultad también puede desestacionalizarse. Rutas como la del cerro Heuhuequen o el camino al lago Yehuin son practicables casi todo el año con el equipo adecuado. Sin embargo, solo el 9 % de los senderos están señalizados según el último relevamiento de la Dirección de Bosques.

Qué se necesita para pasar de potencial a realidad

Primero, una reformulación del Plan de Desarrollo Turístico local que deje de centrarse solo en “sol y lago”. Debería incluir metas cuantificables de ocupación fuera de temporada (por ejemplo, llegar al 45 % en invierno para 2027) y condicionar los subsidios municipales a resultados medibles en pernoctes y empleo registrado.

Segundo, inversión en capacitación. Hoy solo el 31 % de los guías de Tolhuin tienen certificación nacional en idiomas o interpretación ambiental. Un programa conjunto entre la UNTDF y el municipio podría elevar ese número en dos años con costo moderado.

Tercero, infraestructura inteligente y de bajo impacto. No se trata de construir grandes hoteles, sino de mejorar campings con domes resistentes al viento, miradores con paneles solares y senderos con pasarelas que reduzcan la erosión. El retorno fiscal de estas obras es alto: cada peso invertido en este tipo de infraestructura genera entre 2,8 y 3,4 pesos en actividad económica local según modelos del Banco Interamericano de Desarrollo aplicados a zonas patagónicas.

El rol de las PyMEs y las comunidades

Las verdaderas generadoras de empleo en este escenario serían las pequeñas empresas de guiado, productores de alimentos locales (el cordero y las truchas de Tolhuin tienen excelente reputación) y artesanos. Un clúster turístico bien diseñado podría aumentar la demanda de estos proveedores en un 40 % fuera de temporada.

También es clave involucrar a las comunidades originarias. El pueblo selk’nam y las familias mapuches-tehuelches del área poseen saberes sobre el territorio que pueden enriquecer la oferta de turismo cultural sin caer en el folclore barato.

Riesgos que no se pueden ignorar

Cualquier estrategia debe poner límites claros al crecimiento. El lago Fagnano ya muestra signos de presión por basura en zonas de acampe. Un modelo de “límite de carga turística” por sector, similar al que se aplica en Torres del Paine, evitaría que el éxito destruya lo que lo genera.

Además, es fundamental que los beneficios de la ley 19640 se orienten a empresas que realmente generen valor agregado turístico y no solo a comercios de paso. Hoy, muchas firmas que se instalan por los beneficios fiscales cierran en invierno y dejan poco rastro en la economía local.

El balance final

Tolhuin no necesita competir con Ushuaia en cantidad de camas ni con Río Grande en precio. Su ventaja comparativa está en la calidad de la experiencia, la cercanía a la naturaleza y la posibilidad de ofrecer un turismo lento y profundo. Si se diseña una estrategia basada en datos, con metas claras y control de impacto ambiental, puede pasar de ser un pueblo de paso a un destino genuino de naturaleza patagónica durante los doce meses del año.

Eso no solo mejoraría los números de ocupación y empleo. También elevaría la calidad de vida de los tolhuinenses, que hoy dependen de una economía demasiado atada al vaivén del verano fueguino. Los datos están sobre la mesa. Falta la decisión de leerlos sin romanticismos ni atajos.

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