Cómo el auge del turismo de aventura en Tierra del Fuego está transformando el empleo local
El boom del turismo de aventura no solo atrae visitantes: genera empleos estacionales y permanentes que redefinen la economía fueguina. Analizamos las nuevas oportunidades, los desafíos del clima extremo y las estrategias para que estos puestos sean sostenibles en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin.
En una provincia donde el viento y el frío moldean hasta las decisiones más cotidianas, el turismo de aventura se ha convertido en un motor silencioso pero poderoso de la economía local. Ya no se trata solo de cruceros que atracan en Ushuaia o de fotos en el Fin del Mundo: kayak en el Canal Beagle, travesías en mountain bike por la sierra Alvear o expediciones de trekking en el Parque Nacional, son actividades que están creando empleos concretos y diversificando el perfil productivo de Tierra del Fuego.
Según datos de la Secretaría de Turismo provincial actualizados al cierre de la temporada 2024, el segmento de aventura creció un 38% en los últimos tres años, superando incluso al turismo tradicional de naturaleza contemplativa. Este aumento no es solo de visitantes: se traduce en más de 1.200 puestos de trabajo directos e indirectos generados en los últimos 24 meses, según estimaciones de la Cámara de Turismo Fueguina. Guías de montaña, instructores de kayak, operadores de transporte 4x4 y expertos en seguridad outdoor son perfiles que antes casi no existían en las bolsas de empleo locales.
Lo interesante es que estos empleos no se concentran exclusivamente en Ushuaia. En Río Grande, empresas que organizan travesías por la costa atlántica y observación de aves han incorporado a más de 80 personas en roles de logística y atención al turista. En Tolhuin, el auge del snowkite y las carreras de trineos ha permitido que varios jóvenes que antes emigraban a buscar trabajo en la industria electrónica ahora encuentren oportunidades a pocos kilómetros de su casa. Es un fenómeno que, por primera vez, empieza a equilibrar un poco la balanza entre las tres ciudades.
Pero no todo es una postal de calafate y glaciares. El clima extremo sigue siendo el gran condicionante: una mala temporada de viento blanco puede dejar a decenas de guías sin trabajo durante semanas. Además, la mayoría de estos puestos son estacionales, lo que genera inestabilidad. Un guía de trekking certificado puede ganar bien entre octubre y abril, pero luego enfrenta meses de incertidumbre. Por eso, varias iniciativas locales están apostando a la formación dual: combinar guías de aventura con capacitaciones en mantenimiento de senderos o en turismo de invierno, para que el empleo sea más continuo.
Desde el Polo de Innovación Tecnológica de la UNTDF se está trabajando en un programa piloto que capacita a jóvenes de barrios periféricos en habilidades digitales aplicadas al turismo: drones para relevamiento de rutas, apps de geolocalización segura y marketing en redes para operadores locales. El objetivo es que no solo guíen, sino que también puedan emprender sus propios proyectos. Ya hay casos concretos: un grupo de cuatro exalumnos montó una cooperativa de kayak adaptado que incluye a personas con discapacidad, combinando inclusión y rentabilidad.
Las empresas más grandes, como las que operan en el Parque Nacional Tierra del Fuego, han empezado a exigir certificaciones internacionales (UIAGM para guías de montaña, por ejemplo), lo que eleva el nivel pero también crea una barrera para muchos fueguinos que tienen la experiencia práctica pero no los papeles. Aquí aparece un rol clave para el Estado provincial: subsidiar parte de esas certificaciones y crear un registro único de prestadores locales que priorice a quienes viven en la provincia.
Otro aspecto poco visibilizado es el impacto en el empleo femenino. Aunque el turismo de aventura sigue siendo un mundo mayoritariamente masculino, en los últimos años han surgido varias mujeres al frente de empresas de trekking exclusivo para mujeres o de yoga en la montaña. En Ushuaia, el colectivo “Mujeres al Fin del Mundo” reúne a más de 25 guías y emprendedoras que han logrado romper la brecha y, de paso, generar empleos para cocineras, transportistas y artesanas locales.
La sostenibilidad es el próximo gran desafío. No sirve generar empleo si al mismo tiempo se saturan los senderos o se degrada el entorno que justamente atrae a los turistas. Por eso, desde la Federación de Andinismo Fueguino proponen un modelo de “cupos regulados” por sendero y temporada, combinado con un fondo que reinvierta parte de las ganancias en conservación. Ese fondo podría, a su vez, financiar más puestos de guardaparques y educadores ambientales, cerrando un círculo virtuoso.
Mirando hacia adelante, el empleo generado por el turismo de aventura tiene el potencial de convertirse en uno de los pilares de una economía fueguina menos dependiente de las maquilas y los subsidios nacionales. Pero para que eso ocurra se necesitan tres cosas: inversión sostenida en formación, políticas que mitiguen la estacionalidad y una verdadera articulación entre sector público, privado y las universidades locales.
En una provincia donde todo cuesta un poco más por la distancia y el clima, cada nuevo puesto de trabajo en turismo de aventura representa mucho más que un sueldo: es una forma de arraigar a los jóvenes, de darles motivos para quedarse y de construir una identidad económica propia. Como esos arbustos de calafate que crecen contra el viento, estos empleos están demostrando que, con preparación y resiliencia, se puede transformar el frío en oportunidad.