Economía

Cómo los deportes regionales en Tierra del Fuego generan empleo genuino y diversifican la economía más allá de la 19640

Publicado el 17/06/2026

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Más allá del subsidio industrial y el turismo estacional, el deporte local en Tierra del Fuego se consolida como un motor económico silencioso que crea puestos de trabajo estables, atrae inversión privada y fomenta cadenas de valor locales. Un análisis basado en datos que muestra su impacto real en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin.

En una provincia donde casi todo parece girar alrededor de los beneficios de la ley 19640 o del boom turístico de cruceros, los deportes regionales emergen como un sector que genera empleo genuino sin depender de exenciones fiscales masivas. Según datos del Observatorio Económico Provincial actualizados a 2023, el ecosistema deportivo –incluyendo clubes, escuelas, eventos, equipamiento y servicios asociados– representa alrededor del 2,8% del PBG fueguino, una cifra que duplica su peso de hace una década y que se acerca al aporte de algunas ramas manufactureras tradicionales.

Si miramos los números reales, el impacto va mucho más allá de los sueldos de profesores y entrenadores. En Ushuaia, el ski y el snowboard generan una cadena que incluye alquiler de equipos, mantenimiento de pistas, guías de montaña, transporte y hasta la fabricación local de indumentaria técnica adaptada al clima extremo. Un relevamiento de la Cámara de Comercio de Ushuaia estima que cada peso invertido en infraestructura deportiva devuelve 4,3 pesos en actividad económica local durante la temporada de invierno.

Río Grande no se queda atrás. El hockey sobre césped y el patín artístico, disciplinas con fuerte arraigo barrial, sostienen más de 180 empleos directos entre profesores, árbitros, personal de mantenimiento de complejos y organización de torneos. Pero el dato más interesante aparece en el multiplicador: según un estudio de la UNTDF, cada puesto formal en deporte genera 1,7 empleos indirectos en rubros como hotelería, gastronomía y transporte. Eso explica por qué en Tolhuin, una localidad que suele quedar fuera de los grandes titulares económicos, los torneos de mountain bike y trail running hayan permitido que tres PyMEs locales de indumentaria deportiva pasen de facturar menos de $8 millones anuales en 2018 a más de $42 millones en 2024.

El contraste con el modelo industrial tradicional es elocuente. Mientras muchas empresas de la 19640 dependen de renovaciones anuales de beneficios y enfrentan alta rotación de personal, los emprendimientos deportivos muestran mayor estabilidad. El registro de monotributistas y autónomos del sector creció 31% entre 2020 y 2023, según AFIP, y la mayoría de esos nuevos contribuyentes son jóvenes menores de 35 años que se quedan en la provincia.

Esto no es romantismo ni discurso motivacional. Es contabilidad básica. Tomemos el caso del Ultra Trail Ushuaia, que en su última edición movilizó 1.200 participantes y generó un impacto económico estimado en $87 millones según el informe de la Secretaría de Deportes provincial. De ese total, el 68% se quedó en manos de proveedores locales: desde remeras técnicas impresas en Río Grande hasta alojamiento en cabañas de Tolhuin. Ningún subsidio estatal cubrió más del 12% del presupuesto del evento.

El sector también está empujando innovación. Dos startups fueguinas ya exportan accesorios para ski fabricados con materiales reciclados de plásticos marinos, aprovechando tanto la cercanía al mar como la imagen de sustentabilidad que el deporte outdoor proyecta. Una de ellas emplea a 14 personas en su planta de Ushuaia y factura 70% de sus ventas al exterior, algo poco común en la economía provincial.

Sin embargo, los números también muestran las debilidades. La infraestructura sigue siendo el cuello de botella más grande. Solo el 41% de los clubes de la provincia cuenta con instalaciones adecuadas según el último censo de la Subsecretaría de Deportes, y la brecha entre Ushuaia y el norte de la isla es notoria. Mientras en la capital se invierten recursos en el Centro de Deportes Invernales, en Río Grande varios polideportivos funcionan al 60% de su capacidad por falta de mantenimiento.

Otro dato que suele pasarse por alto: el rol de las mujeres. El 57% de los nuevos empleos generados en el sector deportivo en los últimos cuatro años fueron ocupados por mujeres, principalmente en roles de coordinación de eventos, marketing digital y enseñanza. Eso contrasta fuertemente con la industria electrónica, donde la participación femenina en puestos calificados no supera el 22%.

Desde la perspectiva fiscal, el retorno es claro. Cada peso que el gobierno provincial destina a apoyo de eventos deportivos genera, en promedio, 3,1 pesos de recaudación adicional por IVA, ingresos brutos y aportes jubilatorios en los siguientes 18 meses. Es un ratio que pocos programas de fomento industrial logran igualar sin distorsionar el mercado.

El desafío ahora es escalar este modelo sin caer en los vicios que criticamos en otros sectores. Se necesitan políticas que premien la generación de empleo neto y la radicación de PyMEs, no subsidios automáticos. Un fondo rotatorio de crédito a tasa subsidiada para emprendedores deportivos, atado a metas de empleo local y facturación, podría multiplicar el efecto mucho más que la construcción de un nuevo estadio vacío la mayor parte del año.

Los fueguinos sabemos que el invierno es largo y que el viento siempre sopla fuerte. Los deportes regionales no son la solución mágica a todos los problemas estructurales de la provincia, pero los datos muestran que son una de las pocas actividades que combina tres cosas cada vez más escasas: empleo de calidad, arraigo de los jóvenes y desarrollo de cadenas de valor que no dependen exclusivamente de Buenos Aires o de los vaivenes del dólar.

Si la provincia quiere diversificar de verdad su economía, es hora de dejar de ver al deporte solo como recreación o salud pública y empezar a tratarlo como lo que los balances ya demuestran que es: un sector productivo con futuro propio.

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