Excursión a un fútbol impensado: la Primera B como ejemplo de sensatez
En medio de la rosca dirigencial y las confusiones constantes, el torneo de la Primera B se destaca como el más noble organizado por la AFA, donde la dirigencia logra ser sensata.
En un contexto futbolero marcado por constantes internas dirigenciales, suspensiones sorpresivas y negociaciones que parecen más propias de un mercado de pases que de una competencia deportiva, la Primera B emerge como un oasis de sensatez.
Desde hace varias temporadas, este torneo organizado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se ha consolidado como el más noble de los campeonatos de ascenso. Lejos de los reflectores de la Primera División y de las tensiones que suelen rodear a la Primera Nacional, aquí prima un espíritu más amateur, con clubes que compiten con recursos limitados pero con una pasión intacta.
En Tierra del Fuego, donde el deporte local se alimenta de las ligas de Ushuaia y Río Grande, esta “excursión” a un fútbol diferente genera interés. Muchos hinchas locales siguen con atención lo que ocurre en la Primera B porque ven reflejadas allí las mismas dificultades que viven los equipos fueguinos: falta de infraestructura, presupuestos ajustados y una dirigencia que, cuando quiere, puede priorizar lo deportivo por encima de los intereses particulares.
Según lo que se desprende de las últimas fechas, la competencia mantiene un equilibrio poco habitual. Los ascensos y descensos se definen en la cancha, con arbitrajes que, en general, no generan los escándalos que sí se repiten en otras categorías. Los dirigentes parecen haber comprendido que, en un país donde el fútbol es mucho más que un deporte, la sensatez puede ser el mejor negocio a largo plazo.
En las tres ciudades fueguinas, donde los clubes barriales y las ligas amateurs son parte de la identidad barrial, este modelo genera admiración. Padres que llevan a sus hijos a las canchas de Río Grande o a los complejos deportivos de Ushuaia ven en la Primera B un ejemplo de que es posible competir sin endeudarse ni caer en la rosca permanente.
La temporada 2026 de la Primera B ha dejado hasta ahora pocos escándalos y muchos partidos con buen nivel. Equipos del conurbano bonaerense y del interior profundo del país se miden con reglas claras y con un calendario que respeta, en la medida de lo posible, las realidades económicas de cada institución.
Esto contrasta fuertemente con lo que ocurre en otras divisiones, donde las suspensiones de fechas, los reclamos por derechos de televisión y las internas políticas opacan constantemente lo que sucede dentro del rectángulo de juego. La Primera B, en cambio, parece haber encontrado un camino intermedio entre el amateurismo romántico y el profesionalismo desmedido.
Para el deporte fueguino, que se prepara para los Juegos Fueguinos y para las competencias EPADE, observar esta experiencia resulta inspirador. Demuestra que, con voluntad y con dirigencia responsable, se puede mantener viva la esencia del fútbol incluso en tiempos de crisis económica y de inflación constante.
Desde las tribunas de los estadios chicos hasta las transmisiones por redes sociales, la Primera B se ha convertido en un refugio para quienes extrañan un fútbol más puro. En Tierra del Fuego, donde el viento y el frío acompañan cada fin de semana a los equipos locales, esa nobleza se valora especialmente.
Queda por ver si esta sensatez se mantiene a lo largo de toda la temporada y si, eventualmente, puede servir de ejemplo para otras categorías. Por ahora, la Primera B sigue siendo la excursión más sana que ofrece el mapa del fútbol argentino.